Todos los que hemos pasado “un rato” fuera de Madrid creo que hemos superado algún momento (más de uno posiblemente) de crisis nostálgica.

 

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Hay momentos de irracionalidad absoluta en los que echas en falta cosas que no has hecho estando aquí y que siempre has tenido a tu alcance como el comer un bocadillo de calamares en alguno de los bares de las calles que suben a la Plaza Mayor y ¿qué haces cuando vuelves? Ir como una auténtica yonki de los calamares a probar ese bocadillo (una vez que lo tienes hasta es posible que se te escape alguna lágrima de la emoción).

 

Cuando te alejas, tomas conciencia de las innumerables cosas que tiene Madrid, que forman parte de tu día a día y que, por ello, no reparas apenas en ellas porque son parte del decorado de tu vida y son elementos de esa puesta en escena de la cotidianedad y de la rutina. (Por no hablar del abuso de los malditos smartphones que nos llevan con la cabeza agachada y metida en un mundo virtual mientras la belleza de los edificios, las plazas, la diversidad de gente, las escenas de la vida van pasando por nuestro lado sin que reparemos en ellas).

 

  1. Una cosa en la que nunca había reparado era en el tañir de las campanas en el centro de Madrid. El ruido del tráfico, algun teléfono sonando, animadas conversaciones y, de repente, como sonando desde otra época, las campanas recordándonos que Madrid lleva viva muchos años y que ese mismo tañir ha sido escuchado por Reyes, literatos, pintores, madrileños de antaño, visitantes de la villa… han sido el Twitter de épocas en la que su “tecnología” era la única con el poder de viralización suficiente: han tocado a muerto en los entierros ilustres, han avisado de incendios y han celebrado glorias y aún hoy siguen siendo testigos, no mudos, de la historia de la ciudad.
  2. Los amaneceres y los atardeceres. Son momentos mágicos en Madrid en los que el cielo nos regala un auténtico espectáculo de colores. Ver atardecer en el Palacio Real, desde la explanada del palacio mirando hacia los jardines de Sabatini… ¿Quien necesita mar en ese momento para ver una puesta de sol espectacular? Despertarse, mirar por la ventana y ver ese cielo al principio rosa y azul que va calentandose hasta parecer que arde estallando en vivos naranjas… Se echa de menos aunque estés en la ciudad más bonita del mundo (allá cada uno con sus filias).
  3. Hacer la ruta del 2 que atraviesa el Retiro, cruza la Puerta de Alcalá, la Plaza de Cibeles, Gran Vía… y llevar la nariz pegada al cristal. O la del 27 que atraviesa todo el Paseo del Prado, Castellana, Azca, hasta Plaza de Castilla…
  4. Una tarde entre amigos en Malasaña.
  5. Un domingo en una terraza de la Latina con una caña, unas bravas, sol, buena compañía y pensar que es lo más cercano a la felicidad extrema.
  6. Los bares de alicatado hasta el techo con “Manolo” tirando cañas y esas minúsculas servilletas que resbalan.
  7. Un día de euforia cultural y postureo gafapastico en el Museo del Prado visitando la exposición permanente.
  8. El chino de debajo de casa que nos salva de apocalipsis sociales (en cada país este negociado lo lleva una nacionalidad diferente)
  9. Un paseo por el Rastro una fría mañana de invierno cuando todavía no hay casi gente.
  10. Un chocolate con churros en San Ginés que, aunque no vayas nunca, da como tranquilidad saber que sigue ahí por si un día te apetece.
  11. Hasta en un momento crítíco de nostalgia pre suicida puedes llegar a echar de menos las manifestaciones.
  12. Cruzarte con ovejas por la calle Alcalá una vez al año.
  13. Correr por el Retiro mientras te cruzas con un batallón de cuerpos dignos de estudio anatómico (quizás la percepción sea fruto de la falta de oxígeno en el cerebro, pero es lo que tiene que Madrid, y el Retiro especialmente, tenga esa concentración de chicos guapos por metro cuadrado).
  14. Los domingos en familia. Algo tan de nuestra ciudad.
  15. Las calles siempre con gente, sea la hora que sea.

Y entonces vuelves y, de repente, te ves mirando cara a cara a la Diosa Cibeles y, al conseguir retirar la mirada de ella, sigues dando la vuelta a la plaza: el imponente edificio del Palacio de Comunicaciones (sigo y creo que seguiré llamándolo así), la Castellana con sus árboles y sus terrazas y el Paseo del Prado con esa distinción del que se sabe guardián del Arte, el Palacio de Linares (también sigo llamándolo así, llamadme romántica)… y te sientes en casa y ves la ciudad más bonita que nunca y empiezas a mirar hacia arriba, hacia esos imponentes edificios y hacia ese cielo tan perfecto, como si fuera la primera vez.

 

Mi barrio. Simplemente mi barrio porque en Madrid, somos muy de nuestro barrio.

 

El otoño en Madrid (hasta aquí el bonus track de la lista).

 

Yo que me fui un rato y sabiendo que era para volver, ahora echo de menos a los que os habeis ido. Pedro en Alemania, Miguel Angel y Fuen en Mozambique, Sara en Suecia, Ramón en Chile… grandes amigos que seguro que cuando lean esto algo les pincha en el estómago.

Porque a Madrid se vuelve, siempre.

 

2 comentarios en “15 COSAS QUE HE ECHADO DE MENOS DE MADRID CUANDO HE ESTADO FUERA (MÁS “BONUS TRACK”)”

  1. Me ha encantado tu entrada. Me han dado unos cuantos pinchazos . Estoy fuera y hecho de menos muchas cosas que has dicho. Muy chulas las fotos.

    1. Gracias, Almudena!
      Es un placer saber que seguís el blog madrileños desde fuera de Madrid. Espero que disfrutéis con él y que sea una ventana para acercaros un poquito más a casa.

      Un abrazo

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