Decía Ángeles Mastretta que Viajar, dormir, enamorarse, son tres invitaciones a lo mismo: Tres modos de irse a otra parte, a un lugar, a lugares que no siempre entendemos, que nunca gobernamos, que cada noche son distintos, y cada mañana nos deslumbran y asustan como una tarde de granizo en octubre”. Yo añadiría leer como una invitación más, como una manera de irse a otra parte. 

He tenido la suerte de vivir rodeada de libros y que, desde muy pequeña, me inculcaran la pasión por la literatura. Aun recuerdo el primer libro que me leí siendo una niña, Fánfamus.  Empecé a leer muy pronto. Pasé de los libros de Barco de Vapor a los de Elige tu propia aventura, Los Cinco, Puk… hasta que cayó en mis manos un libro que quizás lo hizo demasiado pronto pero que cambió radicalmente mis hábitos de lectura, mis preferencias y que me introdujo en el mundo de los adultos: El Diario de Ana Frank. Tenía apenas 10 años cuando lo leí y es el claro ejemplo de como un libro puede influir en nuestras vidas. Y así fui evolucionando hasta empezar a cogerle los libros a mi madre y devorar literatura de una sentada. Los clásicos en el colegio y los que siempre caían de regalo complementario en Reyes, cumpleaños, etc.

Muchas vidas vividas, muchas lágrimas, risas, mucho aprendido. Es una forma de viajar, conocer gente, abrir la mente y trasladarnos a mundos que, quizás de otra manera no podríamos conocer.

Con solo abrir un libro, he viajado a lugares que posiblemente nunca pisaré, he vivido en épocas que jamás conoceré, he sido la protagonista de historias que se terminaron al cerrar el libro, he convivido con personajes históricos, he sido testigo de la Historia…

Comienzo los libros con la ilusión de las primeras veces y me encantan esos libros que termino con la sensación de vacío, la de: “Y ahora ¿qué?”. Porque eso quiere decir que la historia me ha cautivado y que me deja ese vacío saber que no hay continuidad.

Y es que los beneficios de leer sabemos que son infinitos, pero si me quedo con algo es con las sensaciones que me produce.

El día 23 de abril fue nombrado por la ONU el día internacional del libro y del derecho de autor.

Así que el día 23 es un día para celebrar y os animo a regalar un libro. Es un día simbólico para la literatura mundial. Ese día en el año 1.616 fallecieron Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega. La fecha también coincide con el nacimiento o la muerte de otros autores como Vladimir Nabokov.

Imagen: www.barriodelasletras.com
Imagen: www.barriodelasletras.com

Y es que solo tenemos que viajar en el tiempo hasta el Siglo de Oro (siglos XVI y XVII) en España e imaginarnos como fue ese Barrio de las Letras madrileño con vecinos como Cervantes (que ahora parece que tenemos claro que esta enterrado en el mismo barrio), Góngora, Lope de Vega, etc. y la mismísima imprenta donde se realizó la primera edición del Quijote (en la calle Atocha).

En este barrio se ambientaron también algunas piezas esenciales de la dramaturgia española del siglo XX, como por ejemplo el esperpento Luces de bohemia de Ramón del Valle Inclán.

Así que, qué menos que dedicar una entrada a “La noche de los libros” y es que Madrid ya lleva 10 años celebrando esta actividad que coincide con el Día Internacional del Libro.

Me quedo con esta frase de Nicolás de Avellaneda en la que me veo totalmente reflejada: “Cuando oigo que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él”.

Toda la información sobre “La noche de los libros” pinchando aquí.

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