Hoy, 19 de enero, la mítica estatua del oso y el madroño cumple 50 años. Da la sensación de ser de esas cosas que llevan toda la vida en la ciudad, pero son solo 50 años los que tiene.

Eso la estatua, porque el escudo de Madrid tiene un origen un tanto confuso.

«De plata, un oso de sable apoyado en un madroño sinople, frutado de gules. Bordura de azul, cargada de siete estrellas de plata. Al timbre, corona real abierta». Así es la descripción heráldica del escudo de la ciudad de Madrid.

El primer emblema de Madrid del que se tiene constancia data del año 1.200 y mostraba un pedernal parcialmente sumergido en agua con dos mazos de acero golpeándolo a ambos lados que hacían que saltaran chispas. Toda esta iconografía estaba rodeada por una cinta con las frases: Sic gloria labore (esta es la gloria del trabajo). Paratur (preparate). Y debajo de estas frases “Fui sobre agua edificada. Mis muros de fuego son. Esta es mi insignia y mi blasón”.

Madrid fue levantada sobre manantiales y se elevaron murallas defensivas sobre ellos que hacían que las flechas rebotaran al chocar el metal en las gruesas paredes.

En la batalla de las Navas de Tolosa contra los musulmanes (1.212) los soldados madrileños portaban un estandarte con un oso caminando por un campo de plata con la constelación de la Osa Menor como fondo y la Estrella del Norte apuntando a la cola del oso.

Se cree que este animal fue el elegido por la numerosa población de osos que habitaba los bosques de Madrid. Aunque hay una leyenda que cuenta que se eligió un oso como emblema en homenaje a un oso pardo que el rey Alfonso XI cazó en uno de los bosques de la ciudad.

La constelación de la Osa Menor con sus estrellas de siete puntas hay quien cree que estaba vinculada con el oso y otros piensan que hace referencia a las siete escuelas de astronomía que se cree que existían en el Siglo X en Madrid.

Cuando se le otorgó a Madrid el fuero de privilegios se inició una disputa entre la Iglesia y el Estado sobre las tierras de caza, las de pastoreo y la madera quedándose la Iglesia finalmente las tierras de pastoreo y las de caza y la madera la Corona. Es en ese momento cuando se cree que el oso que anteriormente aparecía paseando por los campos comienza a representarse erguido sobre un árbol simbolizando el acuerdo de los dos poderes. Y todo apunta a que el oso es en realidad una osa como aparece en varios documentos.

El madroño nunca se ha tenido claro que sea tal, ya que se trata de un arbusto y no un árbol. Fue la forma de representarlo con el tiempo lo que ha llevado a pensar que puede ser ese tipo de árbol.

En 1554, el Parlamento de Valladolid concede a Madrid el poder añadir la corona real en su escudo de armas; de esta manera la ciudad ascendía a Villa.

Y lo más sorprendente es que durante más de 3 siglos se incorporó un dragón al escudo junto con una corona de laurel. Hasta 1967 no se recupera el escudo original, año en el que se inaugura también el monumento, obra del escultor Antonio Navarro Santafé.

La estatua se ha movido varias veces durante estos 50 años:  sus 50 toneladas y 4 metros de altura estuvieron primero en la calle de Alcalá, cerca de la carrera de San Jerónimo. Pasó posteriormente a la entrada de la calle del Carmen. Más tarde pasó a su actual emplazamiento en la Puerta del Sol con Alcalá.

¡Feliz cumpleaños a uno de los símbolos de Madrid! Aunque no haya más osos que los que quedan en el zoo y los madroños escaseen. 

4 thoughts on “50 AÑOS DE OSO Y MADROÑO”

  1. Para añadir, no sé si luz o confusión, dícese que ese pendón con la osa estrellada, fue cosa otorgada por Alfonso VI tras la reconquista de Madrid, en su camino hacia la más importante de Toledo, pues Madrid se había convertido en “el norte de la conquista”, razón que da sentido a nuestra constelación convertida en blasón.

    En cuanto al dragón, no es tan sorprendente, pues es realmente el animal heráldico de Madrid (dragón, grifo o sierpe), y Madrid está lleno de ellos, con lo que animo a este blog a buscarlos y hacer entrada propia sobre ellos, pues el origen tiene una historia, seguramente más que falsa, pero no por ello menos hermosa e interesante. 😉

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