No apto para quienes sufráis vértigo, aunque os diré que yo no soy muy fan de las alturas y pegaba la nariz al cristal del piso 33 de Torre Espacio sin ningún tipo de taquicardia.

Allí se encuentra el restaurante Espacio 33. Un lugar que crea el efecto “mosca estampada contra cristal” en las personas. Pude observar, gracias a esta manía que tengo de llegar a los sitios mucho antes de la hora, como según iban entrando las personas al restaurante, corrían hasta los grandes ventanales para pegarse contra ellos y disfrutar de las vistas sobre la ciudad.

Acostumbrados a los locales a pie de calle es el sitio ideal para pedir una mesa bien pegada a la ventana y disfrutar de lo pequeña que se vuelve Madrid desde las alturas y de ese movimiento de luces que fluye a unos cuantos metros por debajo de nosotros.

Dos cosas destaco de este restaurante: la atención y las vistas. El servicio es impecable, conoce bien los productos y están atentos en cada momento de que no falte nada en la mesa.

La materia prima es de calidad. Son productos tradicionales pero con una presentación de autor. Todo correcto.

Y las vistas no tienen precio. Si os animáis a ir os recomiendo llegar al atardecer porque la puesta de sol sobre las montañas es espectacular.

Tuvimos la suerte de disfrutar de un reservado con vistas a la Castellana que por la noche es una maravilla. Tanto por la decoración del restaurante, la ubicación, las vistas y el servicio me parece ideal para comidas, cenas de empresa, eventos con un toque más institucional y para alguien que busca un sitio tranquilo.

Espacio 33, vistas nocturnas 3

Llama la atención que la capilla esté integrada en la misma planta del restaurante. Para todos aquellos que quieran confesarse por haber “pecado”  con la comida puede ser un buen servicio extra.

El precio ronda los 50 €, sin contar con el vino, por persona.

Ah y no os olvidéis de llevar documentación porque como en la Torre Espacio hay 5 embajadas hay que acreditarse en la puerta.

Toda la información la tenéis en su página web pinchando aquí.

3 comentarios en “A 33 PISOS SOBRE EL SUELO. Y MADRID, DE REPENTE SE HIZO PEQUEÑO”

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