Por fuera una moderna estructura apenas da pistas sobre lo que se oculta bajo tierra. Siempre se ha dicho que Madrid tiene un reflejo de la ciudad debajo de la superficie: un laberinto de túneles y pasadizos de distintas épocas con diferentes usos.

 

Cruzo la puerta de la moderna estructura, desciendo las escaleras y pasado el control de seguridad atravieso una barrera espacio – temporal que me lleva al Madrid de 1919. Esta vez no hay que cerrar los ojos para imaginar cómo sería la vida en aquél momento porque todo está como se quedó el día en el que la estación se clausuró (en 1966). Parece como si descendiéramos a un universo paralelo en el que el día se repite una y otra vez en una especie de bucle, como si existiera una condena a revivir la misma escena mientras el resto del mundo avanza.

 
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La estación fue diseñada por Antonio Palacios, quien intentó a través de los brillantes colores de los azulejos, la estructura abovedada y los espacios publicitarios hacer menos hostil el tener que viajar bajo tierra.

 

La sensación de que pasó algo que hizo que la gente abandonara todo y saliera corriendo es inevitable. Todo está donde tiene que estar, como si esperara recibir a sus clientes dispuestos a pagar las 15 pesetas de la época.

 

Se ha quitado la pátina de polvo que envolvía la estación después de 40 años cerrada, se le ha dado lustre a los brillantes azulejos, se ha restaurado la publicidad y solo queda quedarse quieto y esperar ver el fantasma de alguna persona de la época deambulando por allí, atrapado en el tiempo. Historias no faltan. En los años 90 se descubrió que medio barrio estaba construido sobre un cementerio que encontraron unos operarios construyendo un aparcamiento, e incluso hay quien habla del espíritu de una niña que vaga por la estación porque fue arrojada al tren por ser testigo de un romance prohibido.

 

Es fácil imaginarse a hombres de impolutos trajes y sombreros por los pasillos de la estación cogiendo la que se llamaba línea Norte-Sur que unía Cuatro Caminos con Sol.

Todo el que ha viajado en esta línea, entre las estaciones de Iglesia y Bilbao, ha pegado la cara al cristal cuando la estación estaba abandonada y sin restaurar, en el momento que se notaba que al pasar por ella el tren aflojaba la marcha, con la esperanza de ver a algún anima de otra época esperando en el andén un tren que ya no pasará más.

 
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Pero os diré que existen leyendas más siniestras del metro de Madrid (las dejo para próximas entregas).

 

No perdáis la ocasión de visitar el Andén 0 de la Estación de Chamberí. Un viaje en el tiempo con coste cero.

 

Horario de visitas
Viernes de 11:00 a 13:00 y de 17:00 a 19:00 horas.
Sábados y Domingos de 10:00 a 14:00 horas.

 

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