Madrid no deja nunca de descubrirse. A simple vista podemos tener la sensación de que lo conocemos bien, pero esconde muchos secretos que no están a la vista. O sí lo están pero se escapan a la mirada. Porque no es lo mismo ver que oír y no es lo mismo ver que mirar.

 

¿Cuántas veces habéis podido pasar por la Plaza Mayor?

 

Es uno de los lugares que más secretos esconden de la ciudad. Todo su pasado lo convierte en un parque temático de curiosidades pero hay uno que guarda una historia fascinante que tiene lugar en pleno Siglo de Oro. Ese Siglo de Oro madrileño en el que Lope, Góngora, Quevedo, Cervantes, Velázquez y tantos otros genios paseaban por las calles de Madrid.

 

La Plaza Mayor tiene un total de diez arcos. Nueve de ellos son accesos a la plaza pero hay uno ciego que si no conocemos la historia nos puede pasar desapercibido. En uno de los laterales de la Casa de la Carnicería (la que no tiene pinturas, para los neófitos en la materia “Plaza Mayor”) se abre un arco que no da a ninguna calle. Un arco ciego del que sale un balcón. Este balcón no es más que un tributo al amor (y a los cuernos). Amor que sintió el Rey Felipe IV por su amante, María Inés Calderón, hija de Calderón de la Barca, y cuernos los que le ponía el monarca a su regia esposa, Isabel de Borbón de manera pública y notoria y María Inés a su marido.

Los madrileños, que somos muy de mentidero y de poner motes a nuestros dirigentes y allegados en este caso, llamaban a la amante oficial del Rey “la Marizápalos”. El marizápalos era un baile que la Calderona, actriz de profesión en un tiempo en el que ser mujer y actriz no era el oficio más popular, interpretaba en sus actuaciones.

Cuentan las leyendas de la época que el Rey mandó construir este balcón y que se terminó en una noche. ¿Y por qué un balcón para su amante en la Plaza Mayor?

 

En esa época la plaza era el sitio en el que dejarse ver. El lugar en el que pasaba todo en Madrid. El balcón real, en la fachada de la Casa de la Panadería era el lugar en el que el Rey reunía a sus invitados a los espectáculos. Y sin ningún tipo de pudor comenzó a invitar a la Calderona, quien por su posición social, no debería gozar de ese privilegio. Pero por su “cercanía” al monarca disfrutó de un asiento en el balcón.

 

La Reina, que soportaba sin rechistar los escarceos de su marido un día estalló y ordenó que expulsaran a la Calderona del balcón.  Y es que, si es duro que te pongan los cuernos, que lo hagan de forma pública y notoria es más duro aún.

 

Y el Rey, lejos de renunciar a su amante, mandó construir un balcón en la plaza exclusivo para ella. Fruto de esta unión nació uno de los hijos bastardos del monarca: Juan José de Austria inscrito en el registro como “hijo de la tierra” al no tener un padre “reconocido”. El niño fue arrebatado a su madre, criado por un matrimonio bajo la manutención del monarca e introducido en la corte cuando Felipe IV decidió reconocerlo como hijo y educarlo como príncipe.

 

Ahora, cuando paséis por la Plaza Mayor fijaos en este balcón si no habéis reparado aún en el. El resto lo dejo a vuestra imaginación.

Balcón de Marizápalos
Balcón de Marizápalos

4 comentarios en “EL BALCÓN DE MARIZÁPALOS. UN LUGAR CON SECRETOS EN LA PLAZA MAYOR.”

  1. que bonita es la historia y sabe que cada lugar cuenta la suya. Enhorabuena; me gusto mucho saber más por ti…

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