¿A nosotros nos van a venir a contar los americanos lo que es tener una casa construida sobre un cementerio indio?

¡Barrios enteros en Madrid están construidos sobre antiguos camposantos!.

Nuestro problema es que no tenemos a un Spielberg que haga unas películas de “mieditoquetemueres” o un Stephen King que dé vida a esos muertos en un relato de los que suben las pulsaciones y te hacen tener miedo a apagar la luz.

También puede ser que nuestros caídos sean más pacíficos, más al estilo español de “ahora que estoy tan a gustito para que me voy a manifestar”. No hay cementerio indio que no la líe rebelándose cuando les ponen el ladrillo encima a sus muertos.

Ya hace años que Madrid se despertó con una noticia que debió dejar el cuerpo un poco cortado a los habitantes del madrileñísimo barrio de Chamberí. Corría la década de los 90 y fueron las obras de un nuevo aparcamiento las que destaparon el asunto.

Esa mañana Paco y Manolo se pusieron sus trajes de faena y comenzaron a maniobrar con su excavadora, a 12 metros bajo la superficie de la ciudad, cuando a la sexta palada cedió un tabique de tierra y apareció ante sus ojos un espacio abovedado lleno de huesos desperdigados.

  • Para la máquina Manolo que he visto un cráneo
  • ¿Un cráneo? Venga, Paco. Como te pille el encargado los carajillos que te metes para desayunar…
  • Joder Manolo que hay más huesos. Dios, ¡hay por todas partes!
  • ¿Qué narices es esto?

A Manolo se le cortó el café del desayuno y a Paco la respiración directamente.

Y si todos soñamos con encontrar tesoros al excavar Paco y Manolo dieron con un macabro hallazgo.

Los restos son de los cementerios que existían en la zona que abarca la Calle Magallanes, Fernando el Católico, Rodríguez San Pedro y la Plaza del Conde de Valle de Suchil. Porque hubo un tiempo en el que los muertos eran enterrados en el interior de las ciudades. El mismísimo Mariano José de Larra estuvo allí enterrado.

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El barrio de Arapiles fue conocido durante el siglo XIX Como el “Campo de las Calaveras”. 4 cementerios allí construidos le hacen meritorio del siniestro nombre: el Cementerio General del Norte, el de San Ginés y San Luis, el de La Patriarcal y un poco más alejado, el cementerio de San Martín y San Ildefonso. Allí fueron trasladándose los cuerpos de los que descansaban en las iglesias, por una cuestión de salubridad.

Imagen de "Ediciones la Librería" - Cementerio del Norte
Imagen de “Ediciones la Librería”
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Imagén de “Memoria de Madrid”

Aunque consta que el obispado de Madrid obligó al traslado de los cuerpos al construir las viviendas parece que alguien tuvo prisa por cerrar la zanja y se dejó allí este osario.

Pío Baroja describió la calle Magallanes de esa época como una “vía extraordinaria fúnebre”. En su libro Aurora Roja lo describe así:

A derecha e izquierda de esta iglesia seguía una tapia medio derruida; a la izquierda, la tapia era corta y tenía una puerta pequeña, por cuyas rendijas se veía el cementerio, con los nichos vacíos y las arcadas ruinosas; a la derecha, en cambio, la pared, después de limitar la plazoleta, se torcía en ángulo obtuso, formando uno de los lados de la calle de Magallanes, para lo cual se unía a las verjas, paredones, casillas y cercas de varios cementerios escalonados unos tras de otros. Estos cementerios eran el general del Norte, las Sacramentales de San Luis y San Ginés y la Patriarcal. Al terminar los tapiales en el campo, desde su extremo se veían en un cerrillo las copas puntiagudas de los cipreses del cementerio de San Martín, que se destacaban rígidas en el horizonte. Por lo dicho, se comprende que pocas calles podrían presentar méritos tan altos, tan preeminentes para obtener los títulos de sepulcral y de fúnebre como la de Magallanes. En Madrid, donde la calle profesional no existe, en donde todo anda mezclado y desnaturalizado, era una excepción honrosa la calle de Magallanes, por estar francamente especializada, por ser exclusivamente fúnebre, de una funebridad única e indivisible.

Vamos, tenía que dar un gusto darse un paseo por esas “cercanas afueras” de Madrid, incomparable.

¿Cuantos secretos esconderá el suelo de Madrid que aun no sabemos ni que existen o sobre los que el tiempo ha echado tierra encima?

Si queréis saber más sobre este tema os dejo el enlace a este interesante estudio de la UCM.

Nota: Paco y Manolo son personajes ficticios. La poca imaginación echada a los nombres lo delata.

 

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