Justo es un hombre menudo, con la cara surcada de arrugas y una viva mirada a pesar de los 92 años que soportan sus huesos.

Con un sempiterno gorro rojo y una bata de trabajo azul, su cabeza alberga fórmulas de geometría, álgebra, arte, ingeniería que no ha aprendido en ninguna universidad… Cada una de sus arrugas es una muesca que testimonia cada año, cada mes, cada semana, cada hora que ha pasado a la intemperie levantando su sueño. El sueño de un labrador con vocación religiosa que abandona las reglas sociales y oficiales para hacer el proyecto de su vida.

 

A las afueras de Madrid, en Mejorada del Campo, se levanta el sueño de un hombre. Sin planos, sin proyecto, con cálculos basados en la razón y con el esfuerzo que solo aquello en lo que crees puede darte la fuerza.

 

Comenzó la catedral en el año 1961 para agradecerle a la Virgen del Pilar que le hubiese ayudado a superar la tuberculosis que le hizo tener que retirarse de la vida religiosa.

 

Justo lleva más de 50 años creando con sus propias manos un templo que algunos tachan de locura y otros de genialidad. Como dice él mismo: “¿En verdad cree que un loco podría construir algo como esto?”

 

Un templo de más de 8.000 m2 que se eleva 40 metros hacia el cielo de Madrid en su cúpula principal. Un baptisterio, varios salones y hasta una cripta en la que cuentan que Justo ya ha diseñado su propia tumba. 28 cúpulas coronan esta obra y más de mil cristaleras hechas a mano por el propio Justo.

Pero como todo en esta vida, la obra de este hombre tiene una cara b; se trata de un proyecto que ningún arquitecto quiere firmar por la falta de proyecto y por el uso de materiales reciclados a los que Justo le está dando una nueva vida que, según los expertos, no garantizan la solidez de este templo; por lo que puede que el día que este hombre falte esta obra caiga en el abandono o sea demolida. Ángel, su fiel escudero y ayudante en esta “locura” puede que sean quien logre terminar el sueño de Justo.

 

Quizás esto sea lo que ocurre cuando al ser humano no se le imponen etiquetas, ni horarios, ni eternas reuniones. O cuando no se le llenan la cabeza de conocimientos inútiles para luego “vomitarlos” en un papel, sino que experimenta, prueba, juega al muestra-error. Quizás esto sea la máxima expresión de la creatividad movida por la pasión.

Hace años, Justo Gallego protagonizó un anuncio de Aquarius.

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