El pasado fin de semana ya pude observar por las calles de Madrid mareas de grupos formados por extrañas combinaciones de personas caminando juntas. Gente que pega regular (los grupos de amigos suelen tener forma de bloque compacto, un extraño mimetismo que les identifica). No hay que ser muy lince para saber que son “comisiones de afectados por la cena de Navidad de empresa”.

 

Para Madrid, son los días de: NO HAY SITIO PARA APARCAR (ni en los parking), NO HAY SITIO PARA CENAR (ni en casa de tus padres te acogen), NO HAY TAXIS. Sí que hay límite en las costuras de nuestra ropa que corren el riesgo de reventar después de comer y beber durante días como si no hubiera mañana.

 

Llegado el momento de recibir el correo de Recursos Humanos con la temida convocatoria valoras las posibilidades de tener credibilidad si dices que no lo has recibido, llegando rápidamente a la conclusión de que son nulas. La cena de Navidad, en cuestión de segundos, se convierte en trending topic en la oficina, el acontecimiento social del año para muchos. Y en tu cabeza empieza la tormenta de ideas en formas de excusa para no asistir. Pero no nos engañemos, fingir un secuestro a lo novio de Falete, no cuela. Puedes proponer donar el dinero de tu cubierto a una ONG pero parecerá un acto tan bonito que te habrás ganado la invitación aún más.

 

NO HAY QUE SER COBARDE. Personalmente prefiero prenderme fuego a asistir a una cena de Navidad de empresa, pero de vez en cuando hay que afrontar riesgos para conocer nuestros límites (que dicen los expertos en coaching, así que enfoquemos este evento de esa manera). Asumámoslo: hay que ir y punto.

 

DEFINIENDO OBJETIVOS

  • Conservar nuestro trabajo después de la cena.
  • Conservar nuestra dignidad para poder mirar a la cara a los compañeros durante otro año más.

 

MÁXIMA A RECORDAR: Lo que pasa en las cenas de navidad del trabajo nunca queda en las cenas de navidad del trabajo. Grabadla a fuego en vuestras cabezas. Y menos desde que existen los smartphones.

MISIÓN OLVIDO. Que nadie repare en vosotros lo suficiente. El hecho de no hacerse notar apenas, os da una ventaja competitiva frente al resto. Vuestro rol debe ser el de observadores de la OTAN. Llegáis a una zona de conflicto, pero solo miráis. Siempre podréis, pasada la cena, decir aquello que el protagonista de Blade Runner dijo: “He visto cosas que vosotros no creeríais”.

 

Imagen de Pinterest
Imagen de Pinterest

En nombre de la dignidad os diré que:

 

EL ALCOHOL NO ES VUESTRO AMIGO. Ni anestesia para aguantar el tirón. Hay que mantenerse sobrio pero haciendo que se bebe para no levantar sospechas. En este país, una persona que no bebe genera recelo. Y recordad: “los borrachos y los niños siempre dicen la verdad” y a vuestro jefe no le gustará conocer vuestra verdadera opinión sobre su gestión. La sinceridad está sobrevalorada.

 

Imagen de www.formerdays.com
Imagen de www.formerdays.com

 

EL HÁBITO HACE AL MONJE. Elegir el atuendo adecuado es vital para pasar desapercibido. En estas fiestas no suele ser complicado. Entre  destellos de lentejuelas, brillos, dorados y la chapa y pintura para alicatar el Bernabéu entero, además de los estilismos innovadores en ellos con pajaritas imposibles y colores arriesgados, es fácil no destacar. La regla es: no llevar demasiado de nada. Demasiado maquillaje, demasiado corto el vestido, demasiadas lentejuelas, demasiadas transparencias, demasiada licra, demasiado tacón (capítulo vuelta a casa), demasiado originalidad. (Demasiada laca ya no es un problema desde que no se permite fumar en interiores).

 

FOTOS Y/O VÍDEOS. Hay 2 posibles estrategias para no aparecer inmortalizado y distribuido en las redes sociales de tus compañeros de trabajo. En este momento, misteriosamente suele aparecer alguna de esas odiosas pelucas navideñas de colores.

 

  1. Ofrecerse a hacer la foto. Suele no funcionar porque siempre alguien dirá que la haga el camarero.
  2. Huir al baño y encerrarse hasta que pase un tiempo prudencial. Corremos el riesgo de que desalojen el local y ni nos enteremos, pero hay que asumirlo.

 

EL BAILE. Si aún seguís en el momento del baile es que algo ha hecho masilla en vuestro cerebro o las maniobras ninja ensayadas para escapar han sido abortadas por causa de fuerza mayor, o sea, el jefe. Fingid una lesión en la columna o contad que lleváis una prótesis en la cadera (si puede ser dentro del marco de una historia lacrimógena tipo “me caí de la cuna” o “a mi madre se le escapó mi carrito cuesta abajo”, mejor). Lo que sea que te permita quedarte sentado en la mesa. Aquí es donde uno se juega realmente su dignidad y su carrera. Podemos dejarnos llevar por el furor al escuchar a los grandes: Camilo Sesto, Rafaela Carrá, Raphael… Es comprensible, pero debemos ser fuertes. De ahí a terminar bailando reggaetón hay una delgada línea. La conga siempre acecha.

 

Rezad para que vuestro jefe no sea fan del karaoke.

Imagen de www.vintageinn.ca
Imagen de www.vintageinn.ca

 

MANIOBRA DE RETIRADA: Es el deseado momento. Salid sin despediros. Si habéis cumplido con todos los pasos anteriores y habéis logrado permanecer en un discreto segundo plano, esta maniobra de evasión debería poder ser rápida e indolora. Si hace falta reptar por el suelo, reptad. Pero hay que abandonar la misión.

 

LA VUELTA A CASA. Habéis ido solos y volveréis solos. No cometáis el error de montaros en el coche con alguien de la oficina. Antes dejad que se os desollen los pies caminando hasta casa y que la hipotermia se haga con vuestro cuerpo ante la imposibilidad de encontrar un taxi esa noche. Pero recordad: pase lo que pase, volved solos. Las malas lenguas hablarán si alguien os lleva a casa aunque os tiréis del coche en modo comando.

 

¡Feliz cena de empresa!

 

 P.D. Ese momento en el que todos queremos ser “freelance”.

2 comentarios en “¡ALERTA! HAN COMENZADO LAS CENAS DE NAVIDAD DE EMPRESA”

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