Hay lugares en Madrid en los que el tiempo se ha parado y el silencio solo se rompe cuando los pasos de quienes los habitan van de una estancia a otra recorriendo las infinitas galerías, con el tañir de las campanas que llaman a la oración o cuando se activan sus fogones.

De los 28 conventos de clausura que quedan en Madrid, 4 de ellos tienen sus hornos dedicados a la repostería. Pero no fue hasta el año 1950, cuando una carta pastoral de Pío XII, exhortó a los conventos a elaborar y comercializar productos artesanales. Al “ora” se le sumó el “et labora” y los dulces se erigieron como un buen camino para tocar el cielo o ¿pecar?.

Las recetas son secretas, los dulces son de elaboración, artesanal y el sabor responde a ingredientes totalmente naturales.

Dicen que la receta de los mejores roscones de Madrid está custodiada tras los gruesos muros del convento de la Visitación  (Segundo Monasterio de la Visitación de Santa María o segundas salesasen la calle San Bernardo, 72. Hubo un tiempo en el que las colas para hacerse con uno de estos roscones, cuentan que deliciosos, eran infinitas y duraban horas. Y las monjas, que no podían ni subcontratar, ni externalizar los servicios, ni reducir las horas destinadas a la oración, decidieron dejar de hacerlos. Morir de éxito.

El torno de este convento está abierto para comprar pastas de té, mantecados y pastas de Santa Eulalia  que las salesas de Madrid aprendieron a elaborar en un “Erasmus” en el convento de Aguilar de Campoo, en Palencia de dónde volvieron con  los secretos para la elaboración de estos deliciosos dulces.

Otro de los conventos con los hornos a pleno rendimiento es el del Corpus Christi. Las monjas jerónimas conocidas como las carboneras, de la plaza del Conde de Miranda.

Imagen de Google Street View

Los dulces de las carboneras tienen la merecida fama de manjar en Madrid. Para hacerse con ellos solo hay que tocar el telefonillo y una voz al otro lado nos da las instrucciones precisas para llegar hasta el torno; solo tendremos contacto con una voz, sin ver a las monjas en ningún momento.

En este convento se pueden adquirir mantecados de Jerez, mantecados de yema, nevaditos (mi debilidad), pastas de té, pastas de almendra, galletas… Pero no todos los días tienen de todo.

Imagen de esmadrid

A las afueras de Madrid se pueden comprar dulces en las dominicas de Loeches y en el convento de las Beatas de San Diego, en Alcalá de Henares.

¡Ave María Purísima! es la clave para activar el torno.

El torno de los monasterios, que antiguamente sirvió para recibir donativos, se convirtió en una especie de máquina vending de dulces. Esta ventana con una plataforma rotatoria conecta dos dimensiones: la de la frenética vida en la ciudad con el recogimiento y la austeridad del convento. El siglo XXI, con la vida casi medieval muros adentro. Una ventana ciega que comunica dos mundos.

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