Si algo me encanta de esta ciudad es que detrás de una modesta fachada podemos encontrar un auténtico tesoro escondido.

 

Un edificio que por fuera podría pasar por una austera casa señorial es por dentro un auténtico y casi desconocido tesoro en el centro de Madrid. La ciudad sabe guardar sus secretos despistando con las portadas de sus inmuebles para que, a simple vista pasen inadvertidos.

 
Imagen de Wikipedia
Imagen de Wikipedia

A pocos metros de Atocha, en la calle Santa Isabel se encuentra el palacio de Fernán Núñez. Su austera construcción exterior puede confundir y hacer que parezca una extensión del convento que da nombre a la calle. Pero nada más alejado del recogimiento del convento.

 

En 1753, Blas Jover, miembro del Consejo de Fernando VI  construye su vivienda en unos terrenos donde se levantaban los huertos del convento.

En 1769 adquiere la propiedad el Duque de Alburquerque y Marques de Mina, Miguel José María de la Cueva. El Duque fallece en 1803 y por problemas con su herencia el palacio pasa a ser cuartel, hospital y viviendas hasta que en 1815 lo hereda Felipe María Osorio de la Cueva, conde de Cervellón quien se casa con María Francisca de Asís, duquesa de Fernán-Núñez. La duquesa reforma el palacete convirtiéndolo en un palacio de estilo romántico y en uno de los centros neurálgicos de la vida social madrileña.

 

Actualmente el Palacio de Fernán Núñez es la sede de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles desde 1985 y propiedad de Adif y de Renfe. Los presidentes de Renfe tienen su despacho en una de las salas.

 

La visita a palacio tiene el encanto de ir de menos a más. La discreta elegancia del zaguán, el patio interior y las primeras salas va dando paso a unos espectaculares salones que llegan a su máxima expresión decorativa en el salón de baile donde resulta fácil dejar volar la imaginación y  trasladarse a los bailes de mujeres con vestidos de miriñaque y que dominan el lenguaje del abanico y en la que el Facebook de la época eran los cuadernos de baile de las damas. (Cómo anécdota: estaba muy mal visto que el mismo caballero bailara más de 4 bailes con la misma dama).

 

Espectaculares lámparas de cristal de Murano, Aranjuez y Baccarat. Tapices de cartones de Goya y alfombras de la Real Fábrica de Santa Bárbara. Mármoles y boiserie de nobles maderas hacen que quien visita el palacio disfrute de la riqueza y el buen gusto de sus antiguos moradores (gusto muy afrancesado).

 
Comedor de Gala - Fundación de los Ferrocarriles de España
Comedor de Gala – Fundación de los Ferrocarriles de España
En una época en la que no existía la electricidad en los hogares, el juego de espejos para reflejar la luz de los candiles nos sumerge en una repetición infinita de nuestra propia imagen.  
Salón de Baile - Fundación de los Ferrocarriles de España
Salón de Baile – Fundación de los Ferrocarriles de España

El palacio sufrió daños irreparables en la Guerra Civil. La onda expansiva de un obús que cayó cerca destrozó el precioso invernadero, una de las joyas de la casa de Fernán-Núñez. La Junta Delegada de Protección, Incautación y Salvamento del Tesoro Artístico de Madrid fotografió y catalogó todo el patrimonio del palacio durante la guerra para tratar de conservarlo y defenderlo del expolio. Trasladó las obras de arte a la Basílica de San Francisco El Grande para su protección.

 

Finalizada la guerra el palacio fue devuelto a la duquesa ya viuda (el duque falleció en la Guerra Civil en la primera batalla de Madrid) quien en 1941 lo vende a la Compañía de Ferrocarriles del Oeste.

 

Y aunque no lo sepáis, ya lo habéis visitado a través de series y películas que se han grabado en sus salones como “El marqués de Salamanca” (1948, Edgar Neville),  “¿Dónde vas Alfonso XII?” (Luis César Amadori), “Volavérunt” (Bigas Luna), “El oro de Moscú” (Jesús Bonilla), “La Regenta”, “Alfonso, el príncipe maldito”, “Adolfo Suárez, el presidente” o “La Duquesa de Alba”.

 

Ha sido escenario de desfiles de moda y fiestas. Si los muebles que aún quedan pudieran hablar contarían secretos de reinas, anécdotas de sus trabajadores y cotilleos de la vida social de un Madrid despreocupado y alegre. Narrarían también el miedo de la guerra de un Madrid dividido y atormentado por las bombas. Y tendrían que callar sobre los secretos de las conspiraciones políticas que seguro se gestaron en sus salas.

 

El Palacio solo ofrece visitas guiadas en grupo y creedme que merece la pena conocer de la mano de sus guías el porqué de cada objeto, la historia de sus habitantes y las anécdotas de cada época.  Revivir la vida de los duques en los años de más esplendor del palacio y aunque solo sea por una hora sentirnos parte de palacio. Sin duda una visita al pasado de nuestra ciudad que merece la pena para conocer un trocito más de nuestra historia  a través de sus protagonistas.

 
  • Dónde está: en la calle Santa Isabel, 44
  • Cómo visitarlo. Pincha aquí.

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