Lleva varios meses abierto y después de conocer Le Cocó lo tenía en los “pendientes” en la agenda. Y ayer, día de fútbol, con la ciudad paralizada y concentrada en el Bernabéu era el día perfecto para disfrutar del restaurante casi, casi solo para nosotros. Es en esos momentos cuando adoro el fútbol.

La entrada del restaurante ya es una invitación a entrar. En mitad de una tranquila calle y en uno de los barrios más bonitos de Madrid (entre dos de los mejores hoteles de la ciudad), las enormes cristaleras que ahora se abren con el buen tiempo, dejan ver una barra y unas mesas altas de aire rústico.

En este primer ambiente parece que nos encontramos en un típico restaurante provenzal con aperos de labranza, alacenas de casa de campo y vigas vistas en el techo. Entramos directos a ese ambiente de las casas rurales del sur de Francia.

Como si pasáramos a otro restaurante, pero en perfecta armonía con el anterior espacio, llegamos a otro ambiente de estilo más sofisticado en el que se mezclan los brillantes colores del tapizado de los sofás (ninguno igual al otro) con las lámparas estilo años 20 con una perfectamente descuidada disposición cayendo del techo. Unas simples estanterías negras decoradas con helechos resaltan sobres las paredes de ladrillo blanco. Es la elegancia de lo sencillo y el chic de la mezcla de los brillantes colores con la madera y las paredes blancas.

Llama la atención el patio interior que se puede ver a través de los cristales de este comedor. Un precioso patio de luces decorado con muchísimo gusto.

Y después de viajar por la Provenza y en el tiempo hasta los años 20, podemos tomar algo en un chiringuito de playa. El tercer ambiente del columpio. Un colorista espacio de madera con mesas para compartir y taburetes que también tiene vistas, a falta de mar, a otro bonito patio.

Un 10 para el ambiente que han conseguido crear con la decoración, la luz y la música de fondo, que es algo que normalmente pasa desapercibido pero que está ahí y percibimos de manera inconsciente.

Es marca de la casa tener unos camareros educadísimos y atentos y es que en estas cosas se marcan las diferencias. Aconsejan, están pendientes en todo momento de que no falte nada pero sin apenas percibirlos y siempre regalan una sonrisa.

Nos aconsejaron muy bien sobre qué probar. Y tengo que decir que todo lo que probamos estaba bastante bueno. Si pincháis aquí podéis ver la carta.

Ese cubo de mantequilla gigante que ponen como entrante con los panecitos es el típico detalle infalible para conquistar al comensal.

Bastoncitos de berenjena, la ensaladilla rusa, las brochetas de pollo, el wok de verduras (todo medias raciones que éramos 2 y aunque de buen comer las medias raciones son más que suficientes cuando se quiere probar un poco de todo). Cerramos con el tartar de atún y con una tarta de manzana de esas que hace que se salten lágrimas de la emoción. Por aquello de que la compañía tiene intolerancia a la lactosa me quedé sin probar el resto de tartas, pero así tengo una excusa para volver porque realmente los postres son un punto fuerte.

En resumen, un sitio súper agradable tanto para ir con amigos y tomar un vino en las mesas altas o una copa en la zona de chiringuito o para ir a cenar de forma más íntima. Una vez más, Esteban Arnaiz, sabe lo que tiene entre manos.

  • Dónde está:  C/ Caracas, 10 (metro Alonso Martínez)
  • Todos los días, de 9 am a 12 pm. Jueves, viernes y sábado  hasta las 2 am.
  • Precio medio carta: 25-27 € –  Cócteles: 7-9 €
  • Web: http://www.elcolumpiomadrid.com/

Un comentario en “EL COLUMPIO, UN RESTAURANTE 3 EN 1 EN CHAMBERÍ”

  1. Sigue informándonos sobre Madrid, es estupendo estar al día de las actividades y conocer un poco mejor esta maravillosa ciudad.

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