Si el hombre de hojalata del Mago de Oz hubiera vivido en Madrid quizás solo habría tenido que coger un autobús hasta la Calle Preciados para encontrar un corazón. O su colega el espantapájaros un taxi para encontrar un cerebro.

 

el mago de oz bocados de madriz

 

En Madrid, cuando un juguete caía en desgracia por accidente en acto de servicio se llevaba al Sanatorio de Muñecos.

 

Amputaciones, pérdidas de ojos, incluso trasplantes de pelo y liftings. Todo con tal de que nuestros inseparables amigos volvieran a recuperar su imagen inicial.

 

Lejos de ser un lugar siniestro en el que las cabezas, las piernas y los ojos se encontraban en cajas, el Sanatorio de Muñecos de Madrid era un sitio en el que la esperanza daba paso a la alegría de saber que podíamos recuperar nuestro más preciado tesoro. Sobre todo aquellos que tenemos hermanos pequeños que guillotinaban nuestras Barbies o pelaban nuestras Nancys (guardo todavía algo de rencor por esos actos vandálicos contra mis juguetes, si).

 

En un mundo de usar y tirar en el que las cosas tienen un valor efímero, aún quedan románticos que apuestan por los juguetes que pasan de padres a hijos o por revivir un sueño de la niñez recuperando aquél tren o aquel muñeco que considerábamos un tesoro cuando éramos niños.

 

Recuerdo que conocí el hospital gracias a mi madre. Como tantas cosas en Madrid. Su adorada muñeca, Mariquita Pérez, andaba necesitada de unos “arreglitos faciales”. El tiempo no pasa en balde y había dejado huella en su aspecto, así que una cita con el doctor le diagnosticó “síndrome del desconchón”.

 

Tras su paso por el sanatorio, Mariquita recuperó su juventud y esplendor.Salió más estirada que Carmen Lomana. Y mi madre llegó a casa con la sonrisa de una niña, enseñándonos cómo su muñeca había superado la intervención y su convalecencia con absoluta normalidad.

 

El arreglo de los muñecos era uno de esos oficios que se transmitían de padres a hijos. Tres generaciones han reparado las ilusiones de los niños de Madrid devolviéndolas a sus amigos a su estado inicial, curando sus lesiones, dándoles una segunda oportunidad.

 

Ahora está cerrado, como tantos otros comercios tradicionales, y a nuestros juguetes quizás solo le quede la opción de seguir el camino de baldosas amarillas…

 

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