No hay mes que no nos desayunemos con el cierre de algún local mítico de Madrid. Y es que la avidez de novedad está ya tan instaurada en nuestras vidas que somos los nuevos Cristóbal Colón a la conquista semanal de nuevos territorios en la ciudad. Podríamos empezar desayunando en un sitio, tomando el aperitivo en otro, comiendo en uno distinto, merendando en otro más y cenando, para cerrar el circuito, en un último local sin repetir durante años en un bucle infinito. Y es que nada nos gusta más que alardear del último sitio de moda en el que hemos estado o de un restaurante que hemos descubierto al que aún no han llegado las masas.

 

Y aunque algunos cierres pasan sin pena ni gloria por lo efímero que todo se ha vuelto, otros son una gran pérdida para la memoria histórica de Madrid. Embassy es uno de esos locales cuyas paredes han sido testigos de la historia, no solo de la capital, sino mundial.

 

La irlandesa Margaret Kearny Taylor llega a Madrid para trabajar en la fábrica de la General Motors en el año 1928. Procedente de una humilde familia viaja a París donde mantiene una relación con un diplomático español con el que tiene una hija, Consuelo. Solo tras un proceso judicial, la niña es reconocida por el diplomático y Margarita y su hija emprenden rumbo hacia una nueva vida en Madrid. Cuando ambas llegan a la capital, el Paseo de la Castellana les recuerda a los Campos Elíseos, y comienzan a echar en falta un salón de té al que deciden dar vida en el número 12 de la mítica calle, donde además instalan su vivienda. Un concepto hostelero totalmente novedoso en la ciudad que pretende atraer a las damas de la ciudad.

Margaret Kearney Taylor Embassy

En poco tiempo, nace Embassy y el local empieza a ser frecuentado por las mujeres de los más altos estratos de la sociedad madrileña a las que se les servían los” tes especiales” (dado lo mal visto que estaba que las mujeres bebieran alcohol, los camareros servían bebidas alcohólicas a las mujeres ocultas en teteras), deliciosos pasteles y elaborados sándwiches.

 

El salón de té se va popularizando y los empleados de las embajadas cercanas se convierten en asiduos clientes.

Embassy Madrid

Margaret es quien supervisa directamente el salón de té hasta el punto de que todo roza casi la perfección. Pero la Guerra Civil española acaba con la cotidianidad de la vida de la ciudad y la actividad en Embassy se ralentiza hasta 1939. Durante la II Guerra Mundial, gracias a la “neutralidad” de España en el conflicto, a comienzos de los años 40, Madrid se convierte en un centro de espionaje de ambos bandos. Embassy, que ya era centro de reunión de miembros del cuerpo diplomático, se erigió como el punto de encuentro para los espías que circulaban por la ciudad.

 

Fue aquí donde el doctor Eduardo Martínez Alonso, en el sótano del salón de la exclusiva confitería y trabajando para la embajada británica, consiguió, junto a Margaret, evacuar a miles de judíos y perseguidos por las SS inventando informes médicos que sugerían la evacuación de refugiados con inventadas enfermedades infecciosas. Del paseo de la Castellana salían hacia Gibraltar, Lisboa y Palestina.

 

En 1975 Margarita Kearny Taylor vende el local y queda como accionista. Murió en los 80 y fue enterrada en el cementerio británico de Madrid llevándose consigo muchos secretos de un Madrid digno de la mejor película de espías y de la II Guerra Mundial.

Embassy Salón de té

Hoy, solo las paredes del salón de té saben la verdad de cada historia personal que transcurrió allí, de cada vida salvada. Y guardan los secretos de un “dulce” tiempo de espías entre pasteles de limón, panecillos ingleses y tés “especiales”.

 

Es inevitable, al pasar por la puerta y verlo hoy cerrado, sentir una punzada de nostalgia del Madrid que fue.

 

 

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