Ha llegado el entretiempo. El temible entretiempo.

 

Según la RAE: “Tiempo de primavera o de otoño próximo al verano y de temperatura suave.”

 

Creo que la RAE debería revisar esta definición (aparte de la inclusión de ciertas palabras como cocreta y toballa, entre otras). Porque últimamente debería cambiar su lema por “limpia, brilla y da estupor”.

 

Como si escuchara a la niña de Poltergeist: “Están aquí… han vuelto…” Esos terribles días que atentan contra el buen gusto en los que el mundo se divide entre los que se visten de verano y los que se visten de invierno y los que encontramos el equilibro perfecto en el modo cebolla (capas de ropa de las 4 estaciones para vestir a varias familias). Sales de tu casa como si fueras a Siberia y vuelves como si llegaras del Caribe y con un esguince en el brazo por tener que cargar con las toneladas de ropa que te has ido quitando.

 

Dicen que la virtud está en el término medio y esto se traduce en que algunos piensan que lo mejor es llevar abrigo con sandalias. Alguna especie de teoría de la compensación que debe basarse en que el frio entra por la cabeza.

 

Es curioso observar a la gente por las mañanas. Se cruzan los que aún se resisten a dejarse el plumas y las botas en casa con los que ya van con sandalias y una ligera rebequita.

 

Pregunta: si con 13 grados en invierno vas con abrigo, ¿por qué sales de casa en mayo, con el termómetro marcando los mismos 13 grados y en sandalias? Es la primacía del calendario sobre el termómetro y yo en el colegio aprendí que la temperatura la mide ese aparatito, no el calendario.

 

Con esa manía de sacar los pies de los zapatos en cuanto hay un rayo de sol, el riesgo de padecer una hipotermia y que se te queden los pies como a Juanito después de escalar un K7, o sea, con riesgo de amputación por congelación es de un 99%.  Los zapatos abiertos dan gustito en verano, cuando el asfalto se derrita bajo nuestros pies, no cuando sales a la calle y parece que llevas dos planchas de hielo como plantillas.

 

El entretiempo se caracteriza por tener la increíble oportunidad de vivir 4 estaciones en un solo día.

 

Sales de casa en invierno, a media mañana llega la primavera alcanzando el verano a la hora de comer, que torna en otoño al caer la tarde. Abundan los post en blogs de moda: ¿Qué me pongo para la época de entretiempo? El titular debería ser: Cómo evitar caer en el outfit mamarracho.

 

La gente tiene ansias por ponerse la ropa de verano. La prenda estrella, la que primero se quita el olor a antipolilla, es el short vaquero. Cuánto daño hace este trozo de tela. Tengo bragas con más tela que esos ¿pantalones?.

Casualmente, en este “entretiempo” en las tiendas el aire acondicionado rebasa los límites de temperatura de la Antártida en diciembre. Hay que fomentar la venta haciéndonos sentir que el calor ha llegado luchando contra familias de pingüinos que corretean entre la ropa.

 

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 A ver, que algo nos quede claro a todos: la temperatura la marca el termómetro no el calendario.

 

Y, por favor, que alguien se encargue de actualizar las guías turísticas. No es normal que en los tiempos que corren de la superinformación todavía vengan turistas a Madrid en sandalias y pantalón corto en pleno mes de febrero. ¡No por Dios! Al final hasta se justifica el rollo sandalia y calcetín.

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