Llegamos al Hotel Torreblanca ya de noche y lo primero que vimos al entrar fue un precioso jardín con mesas repartidas en torno a una fuente. Una iluminación con farolillos que cuelgan de los árboles crea el ambiente perfecto para disfrutar de la terraza principal del hotel. Huele a sierra y a tranquilidad. Parece mentira que a poco más de media hora de Madrid, en el pueblo de Guadarrama, podamos encontrar un sitio para sacudirnos el ruido de la ciudad y conectar con la naturaleza y la vida rural.

 

 

El edificio, un precioso palacete construído en 1925 al estilo de los pueblos de la sierra madrileña con enormes muros de piedra, soportales y la tan característica pizarra de los pueblos de la sierra tan presente en El Escorial, tiene 4 habitaciones dobles y una suite. Cada una con una decoración diferente y a cual más apetecible. Tiene ese toque «casero» que genera la sensación de bienestar de estar en casa.

 

El palacete tiene además varios espacios para relajarse y disfrutar de una buena comida (dos comedores), o de un encuentro más informal en su barbacoa, de unas copas en la zona chill out o de cualquiera de sus terrazas.

 

Pero si realmente lo que buscamos es dar un homenaje a nuestro paladar hay que probar el Restaurante Torreblanca. Dentro del mismo hotel y a cargo del chef Alberto Moreno Vaquero (Alberto fue el representante español del Bocuse d´Or 2014). 

 

El hotel nos invita a darnos un baño de eso que se llama «slow life«: relax, buena comida y descanso lejos del estrés de la ciudad.

 

Tuvimos la suerte de poder probar la nueva carta. Empezamos con un aperitivo en la terraza, con música de fondo y el agua de la fuente que acompañaba a la noche de la sierra. Jamón Ibérico de Bellote, queso de autor, dados de pollo escabechado y muy destacable la cerveza artesana (si vais no dejéis de probarla porque esta deliciosa).

 

Y si el aperitivo ya prometía, el momento de éxtasis vino con la cena. Tengo que destacar en este punto la profesionalidad de los camareros. Formados en cada plato, lo narraban al llegar a la mesa. Atentos en todo momento a que en las copas no faltara vino (entendidos también en ellos).

 

El menú degustación nos permitió probar los siguientes platos de la carta:

 

  • Croqueta Casera de Carne y Jamón con confitura de piquillo.
  • Arenques escabechados con ensalada de algas, tacos de remolacha y esféricos de queso.
  • Ensalada de hojas verdes, con tataki de pato, foie, verduritas y confitura de pera.
  • Chipirón relleno con rabo de toro con crema de clorofila.
  • Costilla Ibérica con Puré de Apionabo.
  • De postre, Trampantojo de migas del pastor.

Y si la palabra éxtasis os parece exagerada os invito a comer en el Torreblanca y probar los arenques escabechados. ¡Solo recordar el momento en el que lo probé me llena los ojos de lágrimas de la emoción!

 

Fue un auténtico disfrute para todos los sentidos: el color de los platos, la presentación, las texturas, los sabores…

 

Alberto Moreno es chef ejecutivo y propietario del Grupo D.H. Gastro en Pozuelo  (ahora ya me ha creado la necesidad de ir a cenar un día) y cuenta con, además de una gran experiencia profesional, con un buen palmarés de premios de renombre tanto nacionales como internacionales.

 

Os recomiendo una escapada a este pequeño paraíso a pocos kilómetros de Madrid. La sierra de Madrid en otoño es una auténtica preciosidad y si encima se puede disfrutar de una buena comida y un lugar con encanto, no se puede pedir más.

 

Quiero agradecer a los dueños lo encantadores que fueron en todo momento con nosotros y desearles mucho éxito que seguro que lo tendrán. Cuando las cosas se hacen con cariño, funcionan.

 

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