Si me gusta Madrid es porque tenemos cosas que no se encuentran en otras ciudades del mundo:

  • Tenemos el mejor agua del grifo.
  • Una absurda afición a presentarnos a ciudad candidata a las olimpiadas.
  • Un acento que para nosotros “no tiene acento”.
  • Un himno local que todos cantamos con orgullo castizo, el: “aquí no hay playa”
  • Un panteón de hombres ilustres sin apenas hombres ilustres.
  • La mejor lonja del país sin tener mar, etc.

Y como somos así de “venidos arriba” (evito la palabra chulos que está muy manida para definirnos), pues vamos y plantamos una estatua del diablo en pleno centro de la ciudad. Y es que es nuestro Ángel Caído ese con el sentimos una punzada de orgullo al decir que tenemos una estatua en honor a Lucifer.

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Por su orgullo cae arrojado del cielo con toda su hueste de ángeles rebeldes para no volver a él jamás. (Milton: El paraíso perdido)

Y se quedó en Madrid, tan ricamente… No podría haber elegido una ciudad mejor para vivir, está claro.

Pero no os habéis preguntado nunca ¿quién tuvo la feliz idea de poner una estatua del mismísimo Satanás en el parque más emblemático de Madrid?

Para saciar vuestra curiosidad os diré que fue el Duque de Fernán Núñez que se las ingenió apelando al miedo de los ciudadanos para colocar la estatua. Avispado el Duque que convenció a la comunidad más religiosa diciendo que la estatua sería un recordatorio de lo que le puede pasar a todo aquél que peque de orgullo.  Y así, sobre la antigua Fábrica de porcelanas de la China que fue derruida en la Guerra de la Independencia en 1813, se ubicó al ángel expulsado del paraíso para recordarnos en lo que nos podemos convertir.

La escultura fue realizada por Francisco Bellver y estuvo presente en la Exposición Universal de París. Allí fue donde el Duque de Fernán Núñez se hizo con ella.

Cuentan que está ubicada en el punto exacto de 666 metros sobre el nivel del mar. El número de la bestia. Dicen que las herramientas de medición en esa época no eran tan exactas como para poder determinar la altura con esa precisión. Con este dato, podemos dar rienda suelta a la imaginación.

Personalmente me parece uno de los monumentos más bellos de Madrid y os recomiendo visitarlo al atardecer, cuando los últimos rayos de sol rebotan sobre el bronce y parece que podemos ver retorcerse a Lucifer.

Y si bien no es la única estatua del Angel Caído en el mundo, si que lo es en Madrid. Esta otra, es un “accidente aéreo“.

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