Como la vida misma. A pesar de haber terminado la Universidad hace ya muchos años tengo una pesadilla recurrente cada cierto tiempo: que me queda alguna asignatura pendiente y aun no tengo mi título. Esto, en el país de la titulitis, es un drama de dimensiones apocalípticas.

 

Sueño con que voy a solicitar mi título para hacer mi quinto o sexto máster, (he perdido la cuenta de los papeles que me avalan como súperjedi de mi trabajo) y el funcionario embalsamado de la secretaría de alumnos, que lleva en mi facultad desde que yo estudiaba allí, me dice que no me lo pueden dar porque me queda una asignatura por aprobar. Entonces despierto al borde del ictus y solo pienso en enmarcar mi título y ponerlo en el cabecero de mi cama para dormir tranquila.

 

Así debieron sentirse anoche los protagonistas de la cagada del año en la gala de los Óscar.

 

Warren Beatty abre el sobre, ve algo raro. Le sale un bocadillo en la cabeza en el que se puede leer su pensamiento: ¿qué coño es esto?. Parece que le han pasado una prueba de paternidad a juzgar por su cara. Vuelve a mirar y sigue sin cuadrarle la cosa. Faye Dunaway le mira con cara de: “WTF Warren? Que medio mundo está pendiente de nosotros, abre el sobre ya!”.  Con un gesto en el que le acaricia el brazo, que en su interior es un arañazo épico, le apremia para que lea el veredicto de la Academia. Su media sonrisa delata que se está poniendo de los nervios y posiblemente gracias a las toneladas de botox que corren por Hollywood consigue disimular la expresión. Warren empieza a sentirse sobrepasado por el momento.  Le pasa el sobre a su compañera (le suelta el marrón, vamos). Y ella se viene arriba como sintiéndose salvadora del momento. “¡La, la, land!” Dice Faye eufórica, sin más adornos, creyendo que ha sacado a su compañero del atolladero.

 

Que todo el mundo habla del error de Warren Beatty pero aquí la que se lanza al vacío y sin paracaídas es Faye Dunaway. ¿No son para proponerlos para dar las próximas campanadas?

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El equipo La, la, land, oye su nombre como ganador; besos, abrazos, llantos de alegría. Numerito de euforia gregaria. Subida al escenario de todo el grupo. La gente aplaude, los derrotados aprietan dientes mientras hacen de tripas corazón para aplaudir y sonreír haciendo que parezca que se alegran por la victoria ajena. Comienza el discurso de agradecimiento (ese que llevaban preparando desde la nominación pero que fingen no haberlo hecho) y de repente sale el primo aseado de Kiko Rivera, diciendo que no está la cosa para bromitas y que devuelvan el Óscar que no es suyo.

 

Se para el tiempo. Los “ganadoresnoganadores” quieren que entre alguien y rocíe el teatro Kodak con burundanga para provocar un olvido masivo.

 

Los siguientes momentos son como cuando te ves atrapado en una rotonda dando vueltas porque no sabes para dónde tirar.  Arriba unos a los que les acaban de meter un puñetazo en todo el hígado y otros  a los que les han revisado el examen y les han aprobado. El La, la, land se queda en La, la, ná!  Y el mundo colapsa por la entrega de un premio.

 

Si es que no todo el mundo maneja los sobres como lo hacemos en España.

 

 

2 comentarios en “TODOS HEMOS SIDO WARREN BEATTY”

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