A veces siento como si […] el mundo fuera un lugar para el que he comprado una entrada. Un gran espectáculo dirigido a mí, como si nada fuera a suceder a menos que yo estuviera allí con mi cámara.
G. W.

Garry Winogrand es uno de mis fotógrafos preferidos de fotografía “callejera”. Nunca diría de sus imágenes que son bonitas o que conmueven pero tienen algo diferente que conecta con el espectador y quizás se trate de la cotidianidad de las escenas que retrata. Con un disparo casi compulsivo habría sido un perfecto instagramer.

Ha sido uno de los fotógrafos más prolíficos: llegó a realizar ni más ni menos que 5 millones de fotos durante toda su carrera. Teniendo en cuenta que hablamos de “cámara de carrete” con su revelado sorprende el volumen. Tanto es así, que llegó a dejar trás su inesperada enfermedad y muerte, más de 2.000 carretes sin revelar (unas 10.000 fotografías).

Garry Winogrand es un maestro de la fotografía callejera. Poco ortodoxo en cuanto a técnica y poco preocupado por ella, retrató a la sociedad norteamericana con certeros disparos. Lo hacía en cualquier sitio y por el solo gusto de ver como eran las cosas cuando eran fotografiadas.

De él aprendimos que siempre hay que hacer varios disparos de un mismo momento porque las cosas mutan en fracciones de segundo. Y también a disparar sin miedo. La duda no puede existir en el fotógrafo callejero; hay que disparar porque podemos perder el momento. El miedo a molestar o a una reacción negativa de quien es fotografiado no debe condicionarnos a la hora de hacer el disparo.

Winogrand fotografió la decadencia y la opulencia del ser humano, de una sociedad como la norteamericana a la que siguió con su objetivo por las calles de su Nueva York natal, Los Ángeles, Dallas, Boston, etc.  Es curioso ver como el orden cronológico de la exposición nos va descubriendo una sociedad cambiante, se estrechan las corbatas, se suben los largos de las faldas, se acortan las melenas…

Y si algo cambia con GW es que es el primer fotógrafo que tiene más interés en el espectador de los eventos que en el propio evento.

Ricos y pobres, trabajadores y transeúntes. El objetivo de la cámara de Winogrand no conocía de clases sociales. El mismo dijo que no era un maestro de la fotografía sino un maestro de América.

 Es, sin duda, una exposición que si os gusta la fotografía no podéis dejar pasar. Y solo queda una semana. El día 3 de mayo finaliza.

Está en la Sala de Bárbara de Braganza de la Fundación Mapfre. Pinchado aquí accederéis al microsite de la exposición.

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