El día 31 de enero de 1878, coincidiendo con los fastos de la boda real entre Afonso XII y María de las Mercedes de Orleans, se inagura el hipodromo de la Castellana.

Ocupaba toda la zona de Nuevos Ministerios y durante 55 años, además de carreras de caballos, acogió exhibiciones áreas, paradas militares, torneos de polo, tenis y golf.

Emulando a las carreras británicas, dos tribunas estaban destinadas a los invitados más selectos. En la explanada se reunía el resto del público. frente a las que se encontraba la explanada dedicada al público en general.

Se convirtió en un lugar en el que dejarse ver. Alta burguesía, nobles y lo mas elevado de la sociedad madrileña se dejaba caer por el lugar de moda de la capital.  

El hipodromo marcaba muy bien las clases sociales en sus estructuras:

La tribuna central, quedaba destinada a la familia real, la aristocracia y la alta burguesía. Estaba presidida por el pabellón real, que tenía en su interior vestíbulos, tocador y comedor.

El hipódromo fue muy frecuentado por Alfonso XII, lo que lo convirtió en uno de los lugares más aspiracionales de la capital.

En un segundo plano estaban las tribunas laterales, en los que había puestos de comida y bebida. Estas tribunas eran para los socios.

Y en último lugar, en los llamados Altos del Hipódromo estaba lo que se llamaba el “tendido de los sastres”, gradas pequeñas gratuitas que rebosaban gente.

Tribunas para personalidades.

Pero éste no fue el primer hipódromo de la ciudad. Los reyes ya disfrutaban de uno más modesto en el Parque del Retiro; y en la actual Calle Almagro, en la manzana que ocupa la sede del Partido Popular, que durante 10 años fue el principal de la ciudad.

Con la construcción del de la Castellana, la afición por las carreras entre el público madrileño creció de manera considerable. Madrid e hizo de las carreras de caballos la gran afición de la capital.

La vida social española comienza un cambio sin vuelta atrás. La guerra de Marruecos en los años veinte y la llegada de la República terminaron en 1933 con el derribo de un hipódromo que se había convertido en un elemento molesto en términos de crecimiento de la ciudad (y seguramente también un recuerdo histórico de la Corona).

Con el derribo se comienzan a construir los Nuevos Ministerios y el hipódromo de Castellana pasó a los libros de historia. como recuerdo de una época dulce de Madrid.  

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