Hay rincones en Madrid que solo pueden conocerse por el boca a oreja, porque es posible que ni siquiera el azar te lleve hasta ellos. El tiempo los ha escondido a los ojos de los transeúntes, como si aliándose con la ciudad los preservara solo para ella. Permanecen ocultos detrás de fachadas y muros que se convierten en cómplices de los secretos que esconde Madrid.

En el número 7 de la calle Sacramento existe un lugar así. Una moderna urbanización oculta un jardín secreto conocido como “El huerto de las monjas”.

Teniendo en cuenta que en el siglo XVII Madrid tenía más de 70 conventos (en aquel tiempo la ciudad no superaba los 220.000 habitantes) no es difícil caminar sobre restos de estos lugares sin saberlo cuando paseamos por el centro.

El convento del Santísimo Sacramento de Cistercienses Descalzas de San Bernardo fue fundado en 1615 por el Duque de Uceda y a él se trasladaron las monjas del convento de Santa Ana de Valladolid.

El convento fue destruido prácticamente en su totalidad durante la Guerra Civil. En 1946 fue reconstruido para finalmente ser demolido en 1976. En el solar que quedó tras su demolición se levantó una urbanización que contrasta con el entorno de la calle Sacramento, una calle con el encanto del viejo Madrid.  La urbanización “fagocitó” el único vestigio que quedaba del antiguo convento, un jardín conocido como “el huerto de las monjas” quedando este pedazo de la historia de Madrid en manos de la propiedad municipal. Los madrileños no pudieron disfrutar de el hasta 1983.

Cuando se traspasa la reja de la urbanización de la calle Sacramento, bajando unas escaleras se accede al huerto de las monjas, un jardín de más de 1.000 m2. Cuando el arquitecto de las casas del número 7 de la calle Sacramento, Roldán Pascual, recibe el encargo de la construcción de la urbanización se encuentra con el huerto del convento totalmente dañado e irreconocible. En él se había levantado una nave industrial y milagrosamente habían sobrevivido algunos árboles testigos de la historia desde hace 4 siglos. El arquitecto rehace el huerto con el mismo pavimento y diseño del convento. Plantó nuevos árboles frutales y trazó una glorieta en la que se instaló una farola traída desde la Puerta del Sol.

 

Diseñó también el arquitecto un reborde de ladrillo que bordea una fuente con cuatro amorcillos rococós fundida en París, para recordar la humildad del antiguo pozo monacal. El interior y el fondo de la fuente se revistieron de azulejo sevillano.

El huerto está calificado como de «suelo privado de uso público» para que quien quiera pueda pasar a visitarlo (teniendo en cuenta siempre el descanso de los vecinos). Al fondo del jardín, adosada al muro se encuentra la fuente de la plaza de la Cruz verde.

Nada queda del huerto que las monjas más que el solar convertido en jardín. Un lugar inesperado en el centro de la ciudad.

Dónde: Calle Sacramento, 7

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