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Esta semana he hecho algo que hacía mucho tiempo que no me atrevía a hacer. Cuando tienes un rasgo muy distintivo y muy característico y que marca fuertemente tu personalidad parece que se convierte en un totem sagrado intocable. Hablo de mi pelo, que me ha costado tantos motes a lo largo de mi vida por su color.

 

He tenido la suerte de caer en las manos de una de las mejores estilistas de este país (y esto no lo digo yo, lo dice su curriculum de 20 años vistiendo, peinando y maquillando a presentadores de televisión, presentando un programa de belleza y mil cosas que nunca cuenta porque tiene un exceso de humildad que hoy me encargo yo de romperle aquí). He llegado a ella gracias al “boca-oreja” que es como llegan las cosas buenas.

 

Raquel Pizarroso es una de esas personas que en un momento determinado de su carrera decide apostar por hacer lo que más le gusta, su trabajo, pero a su aire después de esos 20 años trabajando para la televisión para así, poder dedicarle a cada persona el tiempo que necesita y para centrarse en un única cosa y focalizar en ella todo el cariño y dedicación y no ir como las locas de los estudios de televisión a casa de alguien a maquillar o peinar.

 

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Llegué a su estudio después de hacerme 50 km, atravesar Madrid estresada, con el móvil en la mano pendiente de emails de trabajo y después de unos días donde parece que el universo se concentra para hacerte pensar que eres parte de un videojuego en el que tienes que salvarte tu y salvar al mundo (sin exagerar). Crucé la puerta y fue como si una caja de Valium se me hubiera volcado encima. El buen rollo que desprende su local nada más entrar en él hizo que me fuera relajando hasta verme sentada en la silla con Raquel charlando de nuestras vidas. Y es que “el sitio de Raquel” tiene ese “no-sé-qué” tan especial que tiene el mismo efecto del suero de la verdad: de repente, te ves contándole tus cosas.

 

Y es que Raquel es estilista y todo lo que su profesión conlleva, pero tiene ese charmeallure, encanto o ángel o como lo queramos llamar, que hace que se convierta en poco rato en confidente y psicóloga. Ella misma me contaba que le encanta establecer ese vínculo con las personas que la visitan porque de esa manera puede adaptar mucho mejor el corte de pelo, el color, el maquillaje, la ropa, a su personalidad. Además, solo con ver su estética, te da la confianza de que tiene muy buen gusto y no va a cometer ninguna atrocidad contigo. Disfruta, como dice ella misma “viendo como la gente se va más feliz porque ha hecho algo que le apetecía o se siente más guapa”.

 

Para que os hagáis una idea del concepto, se trata de un servicio súper personalizado en el que Raquel se sienta con la persona y van viendo posibilidades de cambio.

La decoración (cada objeto tiene su historia), la música ambiente, la temperatura… todo invita a ponerse en sus manos y a acometer ese cambio que yo personalmente no me atrevía a hacer y que al final me llevé puesto y estoy encantada.

 

Llegué con el pelo que era una mezcla entre el de  María Jiménez después de cinco cubatas y el de la Pantoja saliendo de los juzgados; largo, largo, revuelto, pidiendo a gritos que lo aligeraran. Y salí con la melena más cool y el corte más cómodo y bonito que creo que me han hecho en mi vida. Una transición lo suficientemente notoria para que te sientas diferente pero lo necesariamente justa para no sentirte otra persona. Acorde con mi personalidad, mi estilo de vida y mi pelo.

 

Salí con ese subidón de sentirte espectacular y valiente por haber tocado rasgo más distintivo (Raquel lo que conseguiste desde que mi madre dejó de llevarme ella a la peluquería no lo había conseguido nadie).

 

Si tuviera que resumir lo que hace diría que es alegrar el alma de las personas haciéndoles sentirse guapas y especiales. Es como una especie de Instagram en la vida real que hace que todo parezca más bonito. Siempre he tenido pánico a terminar como una de esas señoras de pelo corto, rizo ahuecado y litros de laca peinadas en serie. Este concepto es el lado más opuesto. Todo personalizado, un espacio concebido para que tu expreses lo que quieras, que Raquel recoja esa información, la procese en sus manos y se materialice en sentirnos mucho mejor, porque señoras y señores, es innegable que la imagen cuenta y todos somos más sensibles a las cosas bellas.

 

Y para quienes tenéis niños, os diré que es una apasionada del corte de los más pequeños.

 

¡Gracias Raquel por todo el tiempo que me dedicaste!

 

Os dejo una foto del antes y del después y ahora que lo llevo a mi aire con el nuevo corte me gusta mucho más aun. ¡Por no hablar de como está de sanote y suave!

 

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C/ DOCTOR FOURQUET, 39
Madrid, 28012

2 comentarios en “LA IMAGEN CUENTA, Y ESTO ES ASÍ. ¡CAMBIO DE LOOK!”

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