Hay leyendas de Madrid que cortan el cuerpo. Esas historias que sobrepasan los límites de la razón y que las protagonizan personas que etiquetaríamos como “normales”. Y es que todos gozamos de ese estatus de normalidad hasta que el dolor que trae la muerte nos golpea y nos hacer mirar de frente a lo peor de la vida.

 

La historia de la momia de la hija del doctor Velasco es una de esas fábulas madrileñas que han pasado a ser una de las más macabras leyendas de Madrid. Pero ¿qué hay de verdad en todo ello?

 

El doctor Velasco, hijo de unos más que humildes campesinos segovianos, logra hacerse un hueco en la historia de la medicina. Fue un reputado médico que gozó de gran fama y prestigio como cirujano. Sus propios compañeros de profesión decían de él que solo necesitaba un bisturí, unas pinzas y unas tijeras para demostrar su virtuosismo como cirujano. Fue además el fundador del Museo antropológico de Madrid. Ese precioso palacete que todos conocemos en la confluencia de la calle Atocha con Alfonso XII, que fue, además, su residencia particular.

 

Esta fama le permitió hacerse con una considerable fortuna. Pero la vida le tenía reservado un doloroso trance y en 1864 su única hija, Conchita enferma de unas fiebres tifoideas y, tras un infructuoso tratamiento aplicado por su propio padre que provoca una crisis en su organismo, fallece.

 

El padre, desesperado, es incapaz de asumir lo acontecido. Con la carga de la culpa y la razón perdida por el dolor quiere conservar el cuerpo de su hija con la irracional idea de intentar burlar el fatal destino de Conchita. Los conocimientos anatómicos del doctor y de los métodos de conservación de cadáveres le hacen encerrarse con el cuerpo de su hija buscando la inmortalidad para la joven de 15 años.

 

Conchita es embalsamada por su propio padrey enterrada en la Sacramental de San isidro en un nicho familiar propiedad del doctor.

Pasan 11 años y el rey Alfonso XII inaugura el Museo Anatómico al que el doctor Velasco se ha consagrado desde la muerte de su hija. El mismo palacete es la residencia particular del doctor y su mujer. Dentro del palacio se construye una capilla para dar respuesta al deseo de trasladar allí los restos de su amada hija. Consigue las autorizaciones para ello y los restos de Conchita son exhumados de la Sacramental de San Isidro para trasladarlos a la casa del doctor.

Museo antropológico Madrid

El cuerpo de Conchita llega a casa y el doctor Velasco procede a abrir la caja. Aparecen los restos de la joven vestidos con los hábitos de la Concepción. El cuerpo permanece exactamente igual que en el momento de la muerte. Asombrado ante su propio éxito con el embalsamamiento, el doctor comprueba la flexibilidad de las extremidades de Conchita y comprueba que todavía están tan flexibles que de su boca sale un: “¡podría sentarse!”.

 

En el delirio del doctor Velasco, el cuerpo permanece en una habitación de la casa. Encarga a una modista que la vista con un exquisito traje de raso blanco. Unos zapatos a juego y unos guantes cubrían sus extremidades y no faltaron las joyas.

 

Una peluca y maquillaje hicieron el resto. El cuerpo, que después de un verano madrileño en una habitación ya presentaba signos de descomposición, fue vestido y engalanado para darle el aspecto de un vivo. El doctor llegó a suferir que Conchita acompañara a su mujer y a él a la mesa. La madre se negó ante el horror que su marido le proponía.

 

El delirio del doctor duró muchos meses en los que el cuerpo estuvo exhibido en una urna de cristal en la capilla del museo. Todas las mañanas la visitaba y hablaba con ella. Llenó todo de retratos de la joven y de objetos que le pertenecieron. En un arrebato de lucidez, deja de vestirle como si estuviera viva y le devuelve el hábito con el que fue enterrada.

 

La leyenda corre como la pólvora por los mentideros de Madrid y no son pocos los que aseguran haber visto a Velasco con la momia de su hija de paseo por las calles madrileñas.

 

El doctor fallece en el año 1882 y años más tarde, su mujer, posiblemente agotada de la locura, decide no cumplir la voluntad de su marido de ser enterrado en el palacete junto con su hija. Ambos son trasladados a la Sacramental de San Isidro, al nicho que Conchita ocupó tras su muerte.

 

La intrahistoria de esta leyenda llega hasta la facultad de medicina de la Universidad Complutense de Madrid dónde muchos han pensando que la momia que se encuentra en uno de sus sótanos es la de Conchita. Pero la joven descansa después de su periplo junto a sus padres en la sacramental de San Isidro.

 

Una historia en la que esa delgada línea entre el amor, el dolor y el delirio se cruza para dar lugar a una de las historias más macabras de Madrid.

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