LAS EMPRESAS DE TELEFONÍA DOMINAN EL MUNDO Y SON LAS QUE SOBREVIVIRÁN A UN APOCALIPSIS

 

No lo dominan los Rothschild o los Illuminati o quienes tienen la fórmula de la Coca-Cola. Lo dominan las empresas de telefonía y apoyados por el maligno y su ejército de almas corruptas. Tienen sus oficinas con preciosos edificios de diseño que dan al mundo exterior pero realmente tapan las puertas del averno por las que llegan hasta la superficie para implantar el mal, sembrar el caos y exterminar a la población agotando su paciencia.

 

Obviamente, escribo llevada por la rabia y el rencor de quien lleva un mes persiguiendo a su compañía telefónica para que se haga justicia. Me he convertido en la Juana de Arco de la lucha contra la tiranía de estas empresas.

 

Mi compañía es de color rojo y hace unos preciosos anuncios con hipsters, grupillos guays que saltan por los tejados de una gran urbe, parejitas chateando y familias perfectas con un perro que tiene el pelo más cuidado que yo. Y todo bajo un filtro instagramizado que le da más rollo. Pero en la publicidad hay que vender sueños, hay que hacer que la marca se convierta en inspiracional y aspiracional.

 

Pues bien yo inspiro cada vez que entro en contacto con ellos, mucho, hasta llegar a hiperventilar y aspiro a tener al CEO delante para decirle 4 cosas como cliente desde que esa compañía era también roja y tenía otro nombre.

 

Quienes tengan miedo al matrimonio que firmen un contrato con una compañía telefónica. Permanencia. Eufemismo que utilizan para decirte que te tienen cogido por la cuenta corriente los próximos dos años y que como seas infiel te van a meter un rejón que vas a estar comiendo arroz los siguientes seis meses.

 

Pero caes. Y firmas y ahí empieza el deterioro de la relación. Una vez que das tu autorización el call center que estaba en España pasa a comunicarse contigo desde cualquier país del mundo. He llegado a hablar con un tipo de Marruecos (tras 14 micro ictus de la tensión que me produjo intentar entenderle me pasaron con una persona que hablaba mi idioma. Digo mi idioma, que el pobre marroquí bastante se esforzaba en leerme las respuestas frecuentes que tenía por escrito, eso sí, activando el random; le daba igual lo que yo le hubiera preguntado. Él respondía lo que tocaba en el papel). Luego me pasaron al mundo Gladys, Madeleines, Jennifers…Sospechosamente la línea se oía como si atravesara el océano y tenía acento latino.

 

Mi relación con mi compañía se ha adaptado a los nuevos tiempos y hemos pasado al chat. Son igual de empalagosos que por teléfono. Dos horas de presentación en las que parece que estas chateando con tu madre: …escribiendo…escribiendo…escribiendo… y no te amenizan las esperas con la música machacona de sus spots, en eso si que nuestra relación ha ganado.

 

Y ahí es cuando un tal Lucas me deja por escrito que mi factura no se va a ver incrementada pasada la permanencia de dos años. Una ya es vieja zorra en estas lides y le da a la opción de reenviarse el chat donde queda por escrito que la compañía “no solo no me va a subir la tarifa sino que me puede mejorar las condiciones”.– me anuncia Lucas con entusiasmo.

 

Y al mes siguiente: REJÓN EN LA CUENTA CORRIENTE. + 20 € más de factura. Lucas, me has fallado. Me lo dijiste, me lo pusiste por escrito y me la has clavado. Corto contigo. Mi confianza está rota.

Empieza mi víacrucis de compañía en compañía. No estoy dispuesta a ser una cornuda que se queda en casa intentando reconquistar a su pareja. Me largo. Dolida, pero digna.

 

Después de hablar con 4 empresas de telecomunicaciones estoy exhausta, como si hubiera ido caminando de una a otra. Estoy tan cansada que hasta me he llegado a plantear la reconciliación con mi actual compañía con tal de no tener que pasar por esto otra vez. Momentos de flaqueza. Luego pienso en Lucas y una punzada de odio me recorre el cuerpo y me reactivo para hacer el cambio.

 

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Todas te piden hasta el certificado de bautismo y el carné de manipulador de alimentos para saber si hay cobertura de fibra óptica en tu casa. ¡No quiero fibra óptica! ¡No quiero un Internet que me despeine de lo rápido que va! ¡No quiero televisión! ¡No quiero una línea de teléfono extra! ¡Ni dos! ¡No quiero llamadas gratis a otros planetas los fines de semana!

 

¡Quiero que me mantengan mis condiciones y mi tarifa porque las empresas tienen que ser empresas de palabra con sus clientes y más si lo dejan por escrito!  Y ¡si que quiero un palé de Lexatín para terminar con este calvario!

 

La muerte de un ser querido, un divorcio y una mudanza aparecen en los primeros puestos del ranking de cosas que más estrés causan. No muy lejos de esos primeros puestos debe aparecer intentar cambiar de compañía telefónica.

 

Vuelvo a mi Nokia 3310. Me vuelvo anti-sistema del móvil y de los datos.

 

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Imagen de Pinterest

 

Incluso me planteo volver al teléfono de rueda para no tener qué marcar cuando mi compañía telefónica me diga “pulse 1 si…”.

 

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Y si, sé que no tiene nada que ver con Madrid, pero si nos ponemos puristas ha pasado aquí y necesitaba compartirlo para no caer en el alcohol, en las drogas o prenderme fuego en Cibeles en hora punta como protesta.

 

Por lo menos sé que la fibra óptica llega hasta la mismísima puerta de mi casa porque ese dato también lo tienen.

 

¿Quien no ha pasado por esto al menos una vez en su vida desde que vivimos esclavizados por el teléfono?

 

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