Se acerca la Semana Santa  y, como es ley en este país, la torrija se convierte en el dulce de temporada.  Mientras contamos los días para que lleguen los esperados días de descanso vamos activando la “Operación torrija”. Y es que la torrija es cool. En general, conservar las tradiciones me parece muy cool.

 

Cuentan las leyendas que en sus orígenes era un dulce que se preparaba para aliviar el dolor de las parturientas al dar a luz. Imposible saber de donde se sacaban los médicos de la época que algo tan simple como una rebanada de pan duro bañada en almíbar, leche y vino aliviara tan tremendos dolores. O las cantidades de vino eran ingentes o el chute de azúcar del almíbar le daba al espíritu otro ritmo. Cuentan que esta “cataplasma para el alma” se aplicaba allá por el 1.600, ni más ni menos.  Aunque hay incluso quien la data en tiempos romanos. Sea como sea, ha desaparecido de los vademecum para entrar en el top de las tradiciones de Semana Santa.

 

El salto a dulce “oficial” de Semana Santa no está muy claro. Hay quien lo justifica en que la prohibición de comer carne durante la Cuaresma hacía que también disminuyera el consumo de pan y que sea muy probable que el pan sobrante se utilizara para elaborar este postre y que al mismo tiempo se compensara el ayuno con la dosis de energía que aporta (bomba calórica pero que nos quiten el placer).  De esta forma las torrijas comenzaran a asociarse con la época de Cuaresma.

 

La torrija en sus inicios era un trozo de pan más pequeño y poco a poco se adquirió la costumbre de servirla como tapa con el vino. Es un postre de elaboración low cost pero que tiene su arte para conseguir el punto exacto de sabor y textura. Y siempre nos saben más ricas las que hacen nuestras abuelas o nuestras madres, en esto no hay debate.

 

Me gustan las torrijas tradicionales, las de toda la vida, las que hacían nuestras abuelas con los ingredientes más básicos y que dejan ese regusto final a canela. Ahora se lleva la adulteración de la torrija. Si los gin tonics empezaron a convertirse en ensaladas, las torrijas se están convirtiendo en “lo que pudo ser una torrija” y devino en  postre no identificable. Y dejo constancia de que me encanta probarlo, pero la Semana Santa tiene que oler a incienso, a cera de iglesia, a potaje y a torrija de la abuela. #ranciamadrileña para según qué cosas.

 

En Madrid aun quedan esos maravillosos hornos y pastelerías que nos ofrecen la torrija de toda la vida. Son hornos tradicionales, en algunos casos centenarios que han transmitido sus recetas de generación en generación.

 

La Mallorquina. La centenaria pastelería que se encuentra en plena Puerta del Sol tiene unos productos deliciosos y de elaboración tradicional. Un imprescindible para pecar. Las torrijas no son menos. Y los croissants de esta pastelería son una delicia.

 

Antigua pastelería el Pozo. Calle Pozo, 8. Cerca de Sol. Esta feo decantarse por algo, pero esta pastelería me entusiasma. Tienen la tarta de manzana más espectacular de Madrid (un vicio) además de unas deliciosas torrijas elaboradas “a su manera” con bastantes peculiaridades. Si vais, probad la tarta de manzana y me contáis.

 

Pasteleria el pozo

 

La casa de las torrijas. Calle de la Paz,4. Para que no echemos de menos las torrijas fuera de Semana Santa, en Madrid hay un sitio en el que las puedes tomar durante todo el año. La Casa de las Torrijas es el templo de este postre. Taberna centenaria (recomiendo probar también las croquetas ya que estamos) tiene ese aspecto de tasca paralizada en el tiempo. Aquí la performance consisten en torrija y vino dulce. Y luego a quemarla por el centro de Madrid.

 

Horno San Onofre. Calle San Onofre, 3. Desde los años 70 endulzando la vida a los Madrileños. Pasas por su puerta y una fuerza te atrae hacia dentro y siempre sales con algo. Aunque se reinventan constantemente con nuevos y deliciosos dulces, siguen trabajando los  típicos de una manera exquisita.

La Santiaguesa. Calle Mayor, 73. Es uno de sus locales donde encontrar deliciosas torrijas.

 

santiaguesa

 

Casa Mira. Carrera de San Jerónimo, 30. Conocida por sus deliciosos turrones artesanales es imposible no pasar por el antiguo escaparate y trasladarse a otra época.

 

mira+53+buena+puerta+entera

 

Lardhy.  Carrera de San Jerónimo, 8. 175 años de tradición, ahí es nada. Todo muy tradicional y con un sabor muy madrileño. Las torrijas clásicas de pan, almíbar y leche y con el gustazo de saber que son de un lugar emblemático.

 

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Taberna de Antonio Sánchez. Calle del Mesón de Paredes, 13. Un clásico de la taberna. Cuentan que ya en la época de Alfonso XIII tenían tanta fama que la familia real las encargaba en este sitio para desayunar.

Celicioso. Calle de Hortaleza, 3. Y si el gluten está prohibido, Celicioso hace torrijas para celiacos.

 

Podemos peinar la zona centro en busca de nuestra torrija. Todos estos hornos emblemáticos se encuentran muy cerca (muy cerca a la madrileña).

 

Si queréis probar una torrija espectacular que se añade a mi ranking de este año probar la de la Posada del León de Oro y me contáis si ese momento no debe ser lo más parecido al paraíso en la tierra.

 

Me encantan todos estos hornos de Madrid que espero que sigan siglos y siglos endulzándonos la vida y manteniendo vivas las tradiciones.

3 comentarios en “OPERACIÓN TORRIJA: DÓNDE ENCONTRAR LAS MÁS TÍPICAS DE MADRID”

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