Sabemos que a los madrileños se nos llama gatos, pero no todo madrileño, por el hecho de haber nacido en esta ciudad tiene el honor de optar al apelativo.

Es una conversación muy recurrente con alguien de fuera de Madrid. “¿Madrileña? Gata, ¿no?”. Pues no. A mi larga estirpe castiza por parte de madre, se ha venido a sumar la sangre no madrileña de mi padre, con lo que no soy gata.

Pero el eterno debate es ¿con cuántas generaciones de madrileños en su familia puede uno optar al honor de ser gato?

Conozcamos primero la leyenda y luego veremos cómo se resuelve la “pureza del felino linaje madrileño”.

Nos encontramos en Madrid y corre el año 1085 (o 1083 que los historiadores tienen sus dudas). La España musulmana se desintegra en reinos de Taifas y el reino castellano – leonés avanza imparable. Alfonso VI avanza victorioso hacia Toledo, en aquel momento una de las ciudades más importantes de España.

En su firme cristianización de la España musulmana, aparece en su camino un pequeño núcleo militar, agrícola y artesano que tiene un tamaño mayor que el resto de los pequeños núcleos musulmanes: Mayrit. Madrid era por aquel entonces una enjuta y pequeña medina (ciudad árabe) en torno a su mezquita en lo alto de una meseta al lado de un rio.

Imagen de Wikipedia

La ciudad estaba rodeada por una muralla (aun se pueden ver restos de ella por el Madrid medieval) que se construyó por mandato del emir Muhammad I en el año 885.

Muralla musulmana de Madrid

Las tropas cristianas tendrían que salvar este muro para hacerse con la conquista de Madrid.

Al llegar a la Puerta de la Vega, una de las 3 entradas a la ciudad, un soldado se adelantó al resto de la tropa y ayudado de una daga que iba clavando en las piedras del muro, escaló hasta lo alto dando acceso al resto de las tropas colocando la bandera cristiana, sin más herramientas que su agilidad y la daga.

El resto de la tropa lo vio como un gato trepando y así pasó a ser un héroe nacional, conocido desde entonces como Gato. Cuentan que el propio Alfonso VI dijo: “miradlo, parece un gato”.

El soldado, tras su heroica hazaña, cambió su nombre de familia por el de Gato, para que sus descendientes acreditaran este hecho que hizo que Madrid se acostara una noche siendo musulmana y amaneciera siendo cristiana. Cuentan las crónicas que su hijo y su nieto fueron también valerosos soldados y aquí reabrimos el debate sobre quien puede llamarse gato.

Como habréis deducido se tienen que dar 3 generaciones nacidas en Madrid por parte de ambos progenitores para poder ser gato. Así, si tu eres madrileño, tus padres y tus abuelos tendrán que haber nacido también en Madrid para tu poder llamarte gato.

Y creedme, es difícil encontrar gatos en Madrid.

Ese periodo de la historia viene siempre rodeado del mito y de la leyenda. No se sabe hasta qué punto es totalmente verídico si el hecho o si los acontecimientos transcurrieron de aquella manera. Lo que si se ha documentado es que existió una familia en Madrid, la del gato-soldado, que cambió su apellido a Gato y que su escudo familiar estaba formado por una daga y un muro.

Esta es la historia más aguerrida y heroica, pero existe una segunda hipótesis, no menos creíble y que encaja mucho con el carácter mediterráneo, que cuenta que, en aquella época, la entrada a la ciudad atravesando la muralla suponía el pago de peajes y, nos viene desde lejos el tema de intentar hacerlo todo en la forma gratuita, la gente escalaba la muralla para pasar al otro lado sin soltar una moneda.

¿Cuántos madrileños con linaje de gato conocéis?


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