Últimamente, cada vez que piso mi proveedor habitual de ropa (y el de media población mundial) en ocasiones, veo animales. Y no hablo de la transformación que sufrimos dentro de las tiendas y más en periodo de rebajas.

Soy muy pet friendly, dogfriendly y demás, que vaya por delante antes de que me lluevan comentarios radicales de amigos de los animales. He tenido hasta un conejo de fiel compañero que vivió como un auténtico rey hasta que le llegó la hora y el señor de los conejos se lo llevó.

Si como humano hay que esforzarse en esquivar a las personas que no se manejan bien entre burros (sin acritud, que se trata de la estructura en la que se cuelga la ropa en las tiendas para los neófitos en la disciplina deportiva del shopping) de repente, aparece un perro, normalmente microperro, de los que parecen que van a pilas, por la tienda.

El pobre animal maniobra como sus cortas patas, intentando gestionar el susto que lleva en el cuerpo. Intenta moverse entre las piernas de compradoras compulsivas, parejas de compradoras compulsivas distraídos mirando el móvil, carritos de niños y ese alicatado resbaladizo que, si no es bueno para un ser humano, no puede serlo para otro ser vivo que vaya a ras de suelo.

No entiendo muy bien esta moda de llevarnos al perro de compras. Si llevar a tu pareja es un coñazo porque se convierte en una especie de mochila llena de piedras de la que hay que tirar y que encima gruñe, el pobre animal (me refiero al perro, no a la pareja), se encuentra en terreno hostil para los propios humanos.

Si el desdichado micro-can llega a los probadores, es posible que sea fagocitado por esas pelusas que se acumulan en las esquinas y debajo de las banquetas. Esas bolas de residuos que parece que nos miran amenazantes, que esperan al acecho para saltar a nuestra ropa y hacer velcro.

No lo veo. No veo a los perros en las tiendas. Ni por él ni por los que allí compramos. Me parece postureo.

Además, estos perros cosmopolitas tienen sus propias tiendas de moda dónde irse a dar un paseíto y más adaptadas a sus necesidades. Suelen tener mejor fondo de armario que yo. No les falta su sudadera o su rebequita e incluso su anorak para los días de lluvia. Estoy segura de que el perro podría hacer la primera comunión vestido de almirante, con todos su “avíos” . Veremos. Al tiempo.

Hay perros que llevan vida de CEO: van a la peluquería regularmente, se hacen la “perricura”, van a hoteles, comen comida gourmet… Te hacen pensar que algo has hecho mal para en esta reencarnación nacer humano y no perro señorón. Dentro de poco, los psicólogos caninos, que también tienen, tratarán a los perros por creerse personas y de ansiedad por los días de compras. Tener un perro que toma Lexatín será de lo más cool.

 Se nos va, se nos va…

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