Llegamos a Stratford Upon Avon y hordas de turistas de mil nacionalidades desembarcan de los cientos de autobuses que intentan maniobrar en un pueblo que aún conserva sus angostas calles medievales.

 

A poco más de un par de horas de Londres, fue un pueblo tranquilo, dedicado principalmente al comercio de abastos hasta que tuvo el privilegio de ser el pueblo en el que nació uno de los más reconocidos literatos de la historia: William Shakespeare.

 

Todo en el pueblo gira en torno a su insigne vecino, Shakespeare. No hay un rincón que no tenga algo que contar sobre el escritor. La casa en la que nació, su tumba, edificios…etc. En definitiva es un parque temático sobre Shakespeare.

 

Volvamos a Madrid para ver dónde quiero llegar.

Miguel de Cervantes. Equiparado al gran Shakespeare o Shakespeare a él que para eso España era un imperio y Cervantes mayor que él.

Nuestro genio literario muere en su casa de la calle León de Madrid en 1616 habiendo gozado en vida de un gran reconocimiento como escritor.

 

Su cuerpo se entierra en la iglesia del Convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso. Con la reforma del convento se construye una nueva iglesia y ya sabemos que en las mudanzas se pierden y rompen cosas. En este caso perdimos los huesos del escritor español más universal.  En un lugar de Madrid de cuyo nombre no puedo acordarme… Lo más triste es que en la casa en la que vivió nuestro español más insigne solo hay una placa, tirando a fea, que recuerda que allí vivió y murió Miguel de Cervantes.

 

Convento de las Trinitarias
Convento de las Trinitarias

Lope de Vega. Otro genio de la literatura. De lengua afilada (tanto que le llegaron a echar de la corte por no filtrar a quien enviaba sus “dardos”), admirado y querido por el pueblo y toda una figura pública en el siglo de Oro en Madrid.

 

Se le entierra en la Parroquia de San Sebastián (ahora hay un precioso invernadero al que todos hemos hecho fotos por su cartel “no dejes de soñar” que se levanta sobre el antiguo cementerio de la Iglesia. Fue el Conde de Sessa quien sufragó los gastos del entierro, 700 reales que garantizaban la sepultura durante un año. Pasado ese año, nadie se encargó de seguir pagando su “eterna vivienda” y sus huesos fueron a parar a un osario común. Al menos de Lope nos queda su casa que se puede visitar en el Barrio de las Letras.

 

Calderón de la Barca. El hombre que viajó más muerto que en vida.

 

A Calderón lo enterraron y desenterraron 6 veces. Lo de “descanse en paz” se le debió olvidar al cura en la homilía y sus huesos se alojaron hasta en 6 iglesias distintas de Madrid. Y con tanta mudanza de huesos para acá y para allá al final se veía venir el final: se perdieron. Que quien no ha perdido un muerto en su vida. La última tumba que se le conoce es la de la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores de la calle San Bernardo, pero allí nadie es capaz de encontrarle.

 

Quevedo también deambuló por el limbo hasta el año 2007. Y es que cuando no se cumplen las últimas voluntades de los muertos parece que les condenamos a perderse en la nada. Después de dos entierros en lugares diferentes, solo cuando un equipo de forenses de la Complutense de Madrid inicia una investigación, es cuando se determina que sus restos son los que aparecen en la Iglesia de San Andrés Apóstol. Eso sí, a trozos. De la cabeza no se sabe nada.  Cosa que también le pasó a Goya casi dos siglos después. Hay datos que apuntan a que el propio Goya cedió su cabeza a un amigo para que le hiciera un estudio frenológico.

 

Velázquez. El pintor Sevillano murió víctima de una epidemia. Cal y rápido entierro para evitar los contagios era el protocolo a seguir. Sus restos y los de su mujer fueron llevados a la Iglesia de San Juan Bautista. Llegado José Bonaparte, muy aficionado a abrir plazas por la ciudad, mandó derribar esta iglesia. Y nadie comentó que en ella estaba enterrado uno de los pintores más importantes del planeta. Una vez más, perdemos los restos de otro de nuestros ilustres.

 

Y es que esta ciudad ha sido un despropósito con sus hombres ilustres. Tenemos una gran tendencia a perder a los muertos, especialmente si se trata de hombres que pusieron a España en el mapa de las artes, las ciencias, etc.

 

Que un parque temático en Madrid para cada uno no cabe, pero un mayor reconocimiento en aquellos lugares en los que nacieron o murieron es de ley. Una placa con unas pocas letras con todo lo que estos artistas, en su mayoría madrileños o madrileños de adopción que es lo mismo, hicieron por nuestra ciudad no dice al mundo quienes somos y gracias a quien lo hemos conseguido. Da gusto entrar en el Panteón de París donde han conseguido reunir los restos de muchos de los Grandes Hombres de la Patria.

 

Especialistas somos en mover a nuestros muertos de un lado para otro y perderlos en el camino.

 


Aquí podéis leer la que liamos en Madrid con el Panteón de Hombres Ilustres para que podáis ver más ejemplos.

 

2 comentarios en “MUERTOS EN MADRID QUE APARECEN Y DESAPARECEN”

  1. Lo más gracioso es que en Stratford-Upon-Avon todo está como dices… ¡pero es falso! La casa no es la suya (como sí lo es la de Lope) sino una reconstrucción de una casa que podía ser pero que no se sabe… Como no se sabe a ciencia cierta que la tumba sea la que enseñan (¡qué más da!, la gracia es la magia de hacerlo creer), y lo mejor de todo, ¡que el propio Shakesperare o el autor de esas obras sea el que se dice! Pero en “Marketing de Estado” el Reino Unido siempre nos ha dado vueltas. ¡Más que los huesos de todos nuestros grandes del Siglo de Oro! Una pena.

    1. Me encanta lo que dices: “la gracia es la magia de hacerlo creer”.
      Nos iría mucho mejor si nos creyéramos un poquito más en todo lo que tenemos y hemos tenido. Si ensalzáramos nuestro pasado y a nuestros grandes en vez de jugar con ellos a las bandas del patio.
      Los ingleses y los americanos siempre nos han sacado ventajas en la venta de sus hazañas.
      ¡Muchas gracias por leer el post y por tu comentario, Javier! ¡Un honor!

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