En el solsticio de verano el sol alcanza su punto más alto y el día más largo del año nos regala más horas de luz. El día 21 de junio entramos oficialmente en el verano. Pero si hay una noche especial es la noche de San Juan, la noche del 23 al 24 de junio que esta rodeada de magia y de leyenda.

 

Lo que comenzó siendo una fiesta pagana en la que nuestro antepasados encendían hogueras para dar más fuerza al sol, que a partir del solsticio de verano iba decayendo y temían que llegara la oscuridad absoluta, ha llegado hasta nuestros días como tal y no hay ciudad en la que no se enciendan hogueras que continúan con la tradición.

noche de san juan

Fue el emperador Constantino quien introdujo las fiestas paganas en el calendario cristiano y la noche más corta del año se le asignó a San Juan Bautista. De esta manera, los ritos paganos de la fiesta del fuego son heredados por los cristianos y se une la tradición del agua, el fuego y las flores en esta noche.
 

Cuando Madrid se encontraba bajo la dominación árabe, los cristianos bajaban a celebrar el ritual de la noche de San Juan a Atocha, dónde encendían las hogueras purificadoras.
 

Cuentan las crónicas que la de San Juan fue la primera verbena que se celebró en Madrid. Y es que el día anterior a la celebración del santo se tenía la costumbre de recolectar la planta de la verbena (además de otras hierbas). De ahí que las celebraciones adoptaran el nombre.
 

Con el tiempo, la fiesta se trasladó a la Ribera del Manzanares dónde los madrileños con una economía más modesta acudían para celebrar el Santo, trasladándose después a la feria del Paseo del Prado; llamado por entonces el Prado de San Juan.

 

Mientras el pueblo celebraba su verbena por las calles de Madrid, la Corte y la nobleza celebraban San Juan en el Retiro. La fiesta se empezó a rentabilizar vendiendo entradas a todo aquel madrileño que pudiera pagarlas y la nobleza que no era de mezclarse con el pueblo, dejó de asistir y se acabó la fiesta en ese enclave.

 

Poco a poco, la fiesta se fue popularizando y cada vez eran más los barrios que la celebraban. Durante el siglo XIX se instituyó como tradición ir a la plaza de Santa Cruz a comprar flores y bollos al “Mercado de las Flores”. La planta estrella era el geranio que pasaba a adornar los balcones de Madrid. Tal fue el arraigo a esta tradición que los puestos crecían cada año, llegando a ocupar la Plaza Mayor y Tirso de Molina.

 

Después de cumplir con la tradición, llegada la noche, cambiaban de escenario e iban hacia el Paseo del Prado. Las comparsas de los barrios desembocaban en el paseo donde la feria y allí se echaba el rato hasta el amanecer.
 

Las autoridades intentaron durante años neutralizar las fiestas de San Juan ya que siempre terminaban en disturbios, y así ocurrió, que la que fue la gran fiesta de Madrid terminó por disolverse y pocas son las fiestas que quedan en Madrid en algún barrio o en los pueblos de la periferia.

 

Aun recuerdo cuando de pequeña mi madre conseguía hacer la noche de San Juan tan especial solo con un vaso de agua y la clara de un huevo que poníamos en una ventana para que se cargara con la magia de esta noche y, la mañana siguiente, veíamos la forma que el huevo había tomado. El juego estaba en interpretarlo.

 

Y es quizás, el único día en el que en Madrid podemos echar de menos una playa. Las hogueras lucen mejor sobre el mar que sobre el asfalto pero, adaptándonos a lo que tenemos, podemos disfrutar igualmente de esta noche de culto al fuego.

 

Las normas de esta noche mágica están claras:

  • Pide un deseo. Como quieras, como te guste, cerrando los ojos y dejándote llevar por el ambiente.
  • Disfruta del final del día más largo. Sal a la calle y busca alguna hoguera que saltar.
  • Déjate llevar por esta fiesta, cree en la magia y cárgate con la energía del día más largo.

Como dato curioso contaros que el estanque del Retiro se inauguró precisamente una noche de San Juan, la del año 1.631 bajo el reinado de Felipe IV.

 

¡Feliz noche mágica de San Juan!

 

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