No sé si es apreciación mía o que los planetas se han alineado para darme por saco (que ya lo dudo) pero en cuestión de pocos días estoy dando más trabajo a la oficina de consumo que toda la población de Madrid en 1 año. Y es que he decidido ejercer mi derecho a la queja por los cauces oficiales ante el desgaste que me produce el incremento en esta ciudad de la mala atención al cliente, los incumplimientos de plazos, la publicidad engañosa, los extras que te cuelan sin haberlo pedido, etc.

 

Y es que hay quejarse más. Si todos nos quejáramos más conseguiríamos frenar los abusos, la desidia de las empresas por no ofrecer servicios y productos de calidad y las situaciones en las que nos dan gato por liebre. Lograríamos que, en este país, en el que parece que todo se hace últimamente conforme a los estandartes de la mediocridad para abajo y en el que en cuanto te descuidas te la cuelan, las cosas empezaran a funcionar con la calidad que deberían y la misma diligencia que nos piden en nuestros trabajos. Y no hablo de desahogarnos a golpe de tuit o de reseña en Google.

 

Estoy harta, muy harta, de la mala atención al cliente en cientos de sitios, de las promesas que no se cumplen (overpromise), de incrementos de facturas sin previo aviso y de la publicidad engañosa.

Ejemplo:

Peluquería de la calle Recoletos en Madrid. (Tufo a franquicia que echa para atrás pero voy volada y es lo que más a mano tengo). Estoy sentada en el tocador para aplicarme un tinte (si, peino canas). Entro porque leo en el vinilo del escaparate de la peluquería la cojo-oferta: Tinte y lavar 17.45 euros. Mentalmente echas la cuenta y sabes que te van a clavar unos 3 euros más por la crema del lavado. Te preguntan si quieres crema, pero no te cuentan que eso lleva un incremento de precio. Suena la caja registradora. ¡Clin! Ya van + 3 € a su favor. Pero los que somos “heavy user” de este servicio lo tenemos interiorizado.

 

Cuando voy a pagar me dicen: 29.45€ ¿PER-DO-NA? Esta inflación del precio del servicio del tocador a la recepción ¿a qué se debe? ¿La empresa de tintes ha subido en bolsa en esta última hora? ¿Se ha notificado una escasez de pigmentos a nivel mundial en los últimos segundos? No, la “amable” señorita, en el tocador, cuando te tiene ya envuelta en las mil batas, plásticos y toallas que te ponen y que te anulan el movimiento y parte de la voluntad, me ofrece un tinte sin amoniaco contándome todos los beneficios, que construyen un imaginario en mi mente en el que mi pelo va a lucir como el de los anuncios del famoso champú. Obviamente, sin ninguna gana de aspirar sustancia química alguna que pueda afectar a mi mermada capacidad cognitiva después de una semana de trabajo, le digo que sí. Y es que, la avispada señorita me la ha colado. Ese tinte sin amoniaco tiene un coste de 12 € más que el que publicitan en su vinilo del escaparate en letras bien grandes. Pero omite decirme, cuando me lo ofrece y sabe que me tiene sepultada en ese mar de toallas y plásticos, que tiene ese incremento en el precio. Esto en mi barrio se llama “ESTAFA”.

Peluquería vintage
Imagen de Pinterest

Le pregunto que por qué no me ha avisado del incremento de precio/impuesto revolucionario. La respuesta de esta señorita que jamás querría trabajando en mi empresa: “no puedo estar diciéndole a cada cliente los precios. Tendría que haberlo mirado usted en la listad de precios”, con una chulería que me indigna aún más.

 

¿Cómo va esto? Entro por la oferta, pero ¿me tengo que estudiar todos los precios de ese minúsculo papel que tienes en una esquina del mostrador para cumplir con la ley por si viene una inspección, por si acaso me intentas colar algo como has hecho?  Nos vemos en consumo, querida. Pido las hojas de reclamación.

Enfado
Imagen de Pinterest

Las peluquerías se deberían sentar contigo como lo hace un vendedor de coches y hacerte un presupuesto con todos los extras. No vuelvo a pisar una hasta que el pelo me sirva de batamanta y ya veré si no me veo un tutorial en YouTube para cortármelo yo sola.

 

Esto es solo un ejemplo, pero día tras día tienes que revisar cada ticket de compra, las facturas en los restaurantes, las condiciones del servicio, la publicidad, etc.

 

Y es que los españoles tenemos un sentido del ridículo muy acusado. Tememos más a que nos pongan la etiqueta de “rata” que, a pedir explicaciones, reclamar un ticket inflado o no pelear por un incumplimiento de las condiciones de un servicio.

 

A mí, me parece más ridículo irte a casa con el estoque clavado sin haber dicho nada.

 

Reclamemos y protestemos más. Que no nos tomen por tontos. Conseguiremos que este país aumente la calidad y que a mí no me salga una úlcera.

 

¿Queréis que hablemos de las compañías de telefonía?

Si queréis un espacio para desahogaros ¡tenéis los comentarios activos! Que viene muy bien soltar lastre.

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