El homo matritensis ha sufrido un salto evolutivo en los últimos 10 años. De homo erectus matritensis ha pasado a ser homo matritensis, sin más. Su adaptación a los gadgets tecnológicos le ha hecho doblar su cuello unos centímetros hacia abajo con la consiguiente curvatura de la espalda, para controlar lo que pasa en su teléfono sufriendo una involución postural que lo devuelve a la forma física de su antecesor.

El homo erectus matritensis comenzó la merma de sus sentidos de manera directamente proporcional al avance tecnológico.

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Retrotrayéndome a la era Gallardón en la que Madrid estaba más cercano al paisaje de Beirut en plena guerra del Líbano, el homo matritensis podía haber sufrido una grave merma en su población si los móviles hubieran estado tan arraigados en la cultura popular en ese momento. El salto de zanjas de las obras requería de toda la destreza y atención. Aquella época dejó en Madrid una generación de protohombres cercanos a los atletas de élite.

Es raro que nuestra nueva Alcaldesa, dechado de ingenio y creatividad, no haya propuesto forrar las farolas para evitar que los habitantes de la ciudad reduzcan su masa encefálica a fuerza de golpes contra ellas por ir mirando el móvil.

Si bien el homo matritensis es un animal habituado al paisaje y la orografía urbanos tiene serias dificultades en sus escasos contactos con el medio natural (parques y jardines) para desenvolverse. En este medio confluyen varias especies de homo matritensis, especialmente los fines de semana:

  • El homo runner matritensis. Se le reconoce fácilmente por los colores fosforitos con los que viste y la cantidad de gadgets que miden sus constantes vitales.
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Imagen de la web franciscobenito.es
  • El homo ciclista matritensis. Se disfraza de un superhéroe híbrido entre calimero y la hormiga atómica para montar en bici a una velocidad media de 15 km/h esquivando familias. Suele dar por saco al homo runner matritensis.
  • La familia de homos matritensis dominguera. Suelen acudir en masa con varias generaciones. Cuñadas, niños asilvestrados, carritos de niños, suegros, etc. Su objetivo es cubrir la mayor superficie de camino posible impidiendo el paso al homo single o a otros clanes.
  • El ejemplar de cría de homo matritensis o gremlin que en contacto con la naturaleza y otras crías se “asalvajan”.
  • El canis matritensis. La población canina de canis matritensis a los que cada vez se les reconoce más por llevar luces led en los paseos nocturnos, sudaderas y chubasqueros y otro tipo de prendas (pobres criaturas) de rapero chungo proliferan de manera considerable como elemento urbano con sus correas extensibles que se cruzan en el camino del H.M.

El homo matritensis es desconfiado por naturaleza. Desconfía especialmente de todo aquello que le resulta fácil:

  • Desconfía de los lugares vacíos. Entre entrar en un restaurante vacío o el de al lado en el que hay cola y posiblemente le lleve 2 horas sentarse en una mesa, elige el lleno.
  • Desconfía de los aparcamientos fáciles. Esto es: llego y aparco el coche en la puerta del sitio al que voy. Permanecerá un rato en el coche mirando si hay alguna señal de tráfico de carga y descarga, minusválidos, mudanza, embajada, exclusivo ambulancias, etc. Y después de asegurarse, aun así, mirará para atrás mientras se aleja del coche dudando. Como el que se va de casa sin saber si ha apagado el gas.

Desconfía en general de todo aquello que no cueste dinero y que no lleve tiempo.

El homo matritensis alimenta a su clan con lo que consigue en los supermercados. Hay que distinguir entre el que lo hace en grandes superficies, supermercados y mercados. Abundan los chándales y las familias numerosas en los primeros, los que “cazan” sobre la marcha para nutrirse en el momento en los segundos y los de más cultura culinaria en los terceros. En cada gran superficie/supermercado/mercado hay distribuidos estratégicamente un ejemplar de madre atacada con un niño histérico y una anciana que paga céntimo por céntimo creando una cola que ni Doña Manolita.

El homo matritensis tiene que tener en su hogar algo con ruedas y motor. Idealmente algo que sea símbolo de su estatus en la tribu.  Si vendieran tanques seguro que habría lista de espera. Desconoce además el uso de los elementos del coche más allá del claxon. Entre ellos el intermitente.

Imagen de "El Periódico"
Imagen de “El Periódico”

El homo matritensis tiene un marcado sentido gregario en sus manifestaciones de ocio que le hace acudir a espectáculos en masa como el fútbol donde se junta con otros de su especie con el mismo gusto por proferir insultos en un elevado tono, acudir a bares atestados de otros individuos y montar manifestaciones.

El homo matritensis goza de vivir al límite llevando el coche al centro de la ciudad, acudiendo a polígonos en familia, echándose a las carreteras en plena hora punta de “operación salida”,  etc.

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En definitiva, una especie dentro de la península ibérica que habita la meseta de hormigón y que ha derivado en clanes que dan para diseccionar en varios posts. Contad con ello.

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