¡Se acerca el día!

 

LOS INICIOS

 

Parece que la tradición de comer las uvas en la Puerta del Sol está documentada desde el año 1897, pero imagino que, como con todo, empezarían cuatro gatos (hablando en sentido literal refiriéndome a madrileños) y que poco a poco, el efecto llamada ha llegado hasta nuestros días hasta convertirlo en una tradición de masas.

 

Cuentan que era una costumbre de las familias ricas de la época y que, poco a poco, se fue popularizando entre el resto de madrileños, que acudían a la Puerta de Sol a mofarse de esta costumbre elitista comiendo las uvas en la calle, extendiéndose más tarde por toda España.

 

Esta reunión espontánea de la gente para tomar las uvas en plena calle llegó a crear alguna confusión durante los primeros años, haciendo creer a las autoridades de la época que se trataba de un motín. (Me pregunto que pensarían si ahora levantaran la cabeza y aparecieran en la calle Preciados estos días. Posiblemente la palabra que les viniera a la cabeza sería invasión).  Pero los madrileños somos más de amotinarnos en días no festivos.

 

A estos tímidos inicios posiblemente haya que sumarle  la magnífica cosecha de uva del otoño de 1909 en Alicante que hizo que se disparara el consumo y que los agradecidos agricultores llegaran a la capital con los excedentes para regalarlos en plena Puerta del Sol, según cuentan algunas crónicas.

 

Solo bastó que a algún “creativo” que andaba por la Puerta del Sol se le ocurriera que fueran a uva por campanada y desde entonces le debemos el atragantarnos año tras año intentado llegar dignamente a la uva 12 sin perder el resuello o poner perdido al de al lado en un espasmo provocado por la risa.

 

LAS UVAS HOY

 

Pero como ocurre con todas las tradiciones, muchas son las teorías y pocos los hechos contrastados. La realidad es que hoy, no hay español de bien que no se tome las uvas para recibir el nuevo año. Y aunque no se considera deporte de riesgo debería tratarse como tal, porque siempre hay alguien en la familia que pringa con las uvas más gordas del racimo y arriesga su vida al tener que masticar y tragar prácticamente al mismo tiempo. Ahora, con las uvas peladas, sin pipas y del tamaño de una pasa la tradición ha perdido gracia. Yo soy de las de la vieja usanza, con la uva entera, grande, que si son de la fortuna la quiero como Dios manda, no una fortunilla. Y sin perder el ritmo, viviendo al límite, sin empezar en los cuartos.

 

En mi caso, los nervios que preceden a los cuartos se traducen en risa nerviosa que a la tercera uva se convierte en carcajadas para terminar haciendo el aspersor sobre la alfombra que un año más entra bendecida por las uvas de la suerte en el nuevo año. En mi casa hay una regla, no mirarnos a la cara los hermanos, porque entonces comienza el drama: tsunami de zumo.

 

¿Quién puede contener la risa cuando mira a su alrededor y ve a sus acompañantes como Hamsters almacenando uvas bajo los carrillos? .

 

ANÉCDOTAS

 

Esta celebración, además del anecdotario familiar, tiene uno popular. Cuentan las crónicas matritenses que un año se pudo ver al mismísimo Alfonso XII tomándose las uvas entre la gente en la Puerta del Sol.

 

Es imposible olvidarse de aquel año en el que el reloj iba tan deprisa que llegamos a la última campanada habiéndonos tomado 3 uvas. O el año que Marisa Naranjo la lió equivocándose y España llegó al final de las campanadas sin comerse una sola uva.

 

Y es que, “los cuartos me confunden”. Sería preceptivo, como en los aviones antes de despegar dar las indicaciones de seguridad, o repetir el vídeo de Martes y 13 en el que nos daban una magnífica lección (ahora se llamarán tips) para saber comer las uvas.

 

Recordad: cae la bola, suenan cuatro cuartos que son como campanadas dobles y comienzan las 12 campanadas.

La primera vez que se retransmitieron fue en 1962, no hace tanto de ello. Nuestros padres y abuelos se apañaban con medios más caseros para poder tomar las uvas a tiempo.

 

Curiosamente, el reloj de la Puerta del Sol, tan madrileño, fue creado y donado por un leonés a Madrid.

 

LA LOCURA DE LOS RITUALES

 

Y con el cambio de año que llega llegan los rituales para atraer a la buena suerte durante los doce meses. El caldo de cultivo para un Trastorno Obsesivo Compusilvo (TOC) de manual.

  • Que si el oro en la copa con la que se brinda (alguno aprovechará la confusión para hacer desaparecer la alianza).
  • Que si algo rojo (todos al chino a comprar ropa interior de poliester que eso no puede atraer más que una urticaria).
  • Que si el pie derecho delante. Esta es fácil pero en cuanto queda un minuto para que baje la bola ya estamos con el nervio de los penaltis en la final de la copa del mundo y coordinamos lo justito los miembros.
  • Que si queremos viajar hay que sacar la maleta a dar una vuelta a la manzana. Los que tenéis perro podéis aprovechar el viaje y bajar también la maleta.
  • Que si hay que encender las luces de toda la casa (aquí veo la mano de Iberdrola detrás)
  • Puertas y ventanas abiertas para atraer a la suerte. Fuga de calefacción. Otra vez la mano de Iberdrola, etc.

Un sinfín de cosas por hacer que puede hacer que terminemos tomando las uvas en la López Ibor.

Hay que relajarse, disfrutar del momento, tomar las 12 uvas de la suerte (que como su propio nombre indica, ya son de la suerte) y desearse feliz año nuevo muy fuerte y con muchas ganas.

 

Espero que sintáis ese pellizco de nervios e ilusión que siento yo en el estómago por despedir el año que se va cuando ha sido muy bueno y por las ganas de que entre el nuevo con cosas buenas cuando no lo ha sido tanto.

 

Y que al final, el origen de la tradición da un poco lo mismo. Lo bonito es siempre disfrutarla y hacer que perdure. ¡Ah! Y elegid bien con quien entráis en el nuevo año. Quiero decir, los presentadores. Yo no me arriesgo a entrar con un ataque de caspa en el nuevo año. 😉

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