Hoy no voy a hablar de uno de esos sitios populares que todo el mundo en Madrid conoce. A pesar de estar en una céntrica calle y muy cerca de la Estación de Atocha, pocos son los que saben de su existencia y aún menos de su historia.

 

El Panteón de Hombres Ilustres es una joya en mitad de la ciudad. Un edificio de estilo neobizantino que se oculta entre grandes árboles y que está custodiado por un alto muro que hace que prácticamente desaparezca a los ojos de los viandantes, aunque se intuye, entre los huecos que dejan las ramas, un edificio singular.

 

Panteón hombres ilustres Atocha

 

Hace muchos años, quienes gobernaban en aquel momento, decidieron que los grandes hombres de la patria merecían un homenaje y decidieron crear un panteón nacional para estos ilustres señores.

 

El primer emplazamiento de este panteón estuvo en la Basílica de San Francisco el Grande. Así se decidió en 1837 por las Cortes Generales. Pero no fue hasta más de 30 años después cuando empiezan a trasladarse los restos de aquellos que, no sin diversidad de opiniones entre quienes hicieron la elección, se decidió que eran los grandes hombres de la Patria.

 

Fue la Reina Regente, María Cristina, Viuda de Alfonso XII, quien decide volver a levantar la basílica de Atocha, muy deteriorada tras de la Guerra de la Independencia y construir un Panteón Nacional que proyectó el arquitecto Fernando Arbós y Tremanti.

 

Es en 1891 cuando se comienza a construir pero no se terminaría hasta casi diez años más tarde.

 

En 1901 comienza el traslado de los restos al Panteón. Actualmente allí descansan (parece ser que por fin “en paz” después de ir de una lado para otro) los restos del Marqués del Duero, Ríos Rosas, Martínez de la Rosa, Muñoz Torrero, Juan Álvarez de Mendizábal, José María Calatrava, Salustiano Olózaga, Agustín Argüelles, Cánovas del Castillo, Sagasta, Canalejas y Eduardo Dato. Los restos de Prim, Palafox y Castaños fueron reclamados por sus localidades de origen y sufrieron un nuevo traslado.

 

En la calle de Julian Gayarre, 3, en el distrito de Retiro, nos recibe un portón con rejas de hierro que da paso a un lúgubre jardín de altos árboles y rosaledas casi salvajes.

 

A lo lejos, una puerta entreabierta forma un claroscuro dándole a la entrada un aspecto siniestro (o quizás sea cosa de nuestra imaginación por saber dónde estamos entrando).  Me avisan de que no puedo hacer fotos en el interior, entiendo que por respeto a quienes allí descansan.

 

Nada más cruzar la puerta de entrada, una pequeña antesala decorada con mosaicos nos adelanta la belleza artística que nos espera dentro. En el techo tres inscripciones “HONOR, LEALTAD, HEROÍSMO” nos muestran los valores de los hombres que allí reposan.

 

Panteón hombres ilustres Atocha

 

Es imposible no sentir cierta inquietud ante las esculturas funerarias; grupos escultóricos con figuras alegóricas de la vida de sus moradores. Los altísimos techos que culminan en unas preciosas bóvedas, los ventanales de enormes cristaleras que filtran la luz natural crean una atmósfera con cierto toque de irrealidad que hace que se dispare la imaginación y se tenga la sensación de que las esculturas puedan cobrar vida en cualquier momento. (Ir un día nublado y a primera hora cuando no hay nadie hace que las sensaciones se multipliquen).

 

Los grupos escultóricos de artistas como Benlliure o Querol son de una belleza tan abrumadora como inquietante.

 

Panteón hombres ilustres Atocha

 

En mitad de la sala, una puerta nos abre el camino hacia un jardín a modo de claustro donde los rosales vuelven a crecer salvajes y donde solo hay que alzar la mirada para trasladarse a la Plaza de San Marcos en Venecia; un campanile se eleva tímido fuera del Panteón. En el centro del patio una cruz que nos recuerda donde nos encontramos  y en uno de los laterales una monumento funerario compartido por dos hombres ilustres.

 

Un lugar que por toda la historia que allí se ha concentrado y por su singular belleza merece ser visitado. No obstante, y como dijo Arturo Pérez Reverte: “…hasta en las lápidas quedamos retratados como lo que somos y nos gusta ser: Sagasta, Prim, Cánovas del Castillo… Solo políticos. La cultura y la ciencia, como de costumbre, ni están ni se las espera”. 

 

La entrada es gratuita y los horarios de apertura:

 

  • De martes a sábado de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 18.30 h.
  • Domingos y festivos de 10.00 a 15.00 h.

Web de Patrimonio.

En este fantástico blog “Historia Urbana de Madrid” podéis encontrar información detallada sobre la historia del panteón.

 

Un comentario en “UN PANTEÓN DE HOMBRES ILUSTRES EN EL CENTRO DE MADRID”

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