En ocasiones es necesario salir del circuito de bares y restaurantes cool para descubrir el Madrid más auténtico. El que atesora la historia de la ciudad por haber sido testigo y parte de hechos que cambiaron el rumbo de los acontecimientos.

 

Si algo me “duele” de este relato que voy a contar es que hayan tenido que venir desde lejos para descubrírmelo. Cuando llega alguien de fuera de Madrid y te descubre algo de tu propia ciudad no puedes dejar de sentir un pinchazo en el amor propio de madrileña.

 

Hay veces que la Historia no se escribe en palacios o en libros que regirán el destino de un país o una ciudad redactados por los “grandes hombres de la patria” sino que se escribe en las calles y por ciudadanos de a pie y, en este caso, la historia de Madrid, ha quedado escrita bajo la pátina formada por capas de vida que una taberna guarda entre sus muros llenos de leyendas, en los que cada grieta de sus paredes parece ser  una muesca grabada recordando algo de lo que fue testigo.

 

TABERNA ANTONIO SANCHEZ MADRID

 

En ocasiones, parece que se alinean los planetas y que tienes a tu alrededor todo lo necesario para escribir un relato castizo con personajes tan dispares que roza el surrealismo de una película de Berlanga. Un sevillano, un madrileño hijo de sueca y sevillano y una madrileña del siglo XXI; un torero madrileño y un pintor vasco del Siglo XIX; y los habitantes de Madrid que durante tres siglos han pasado por la taberna. Una puerta al pasado conecta una noche con el presente gracias a los herederos de los protagonistas de la historia que se conocen la noche en la que el sevillano y la madrileña deciden entrar a tomar algo a esta peculiar taberna.

 

La taberna de Antonio Sánchez es uno de los establecimientos más antiguos de Madrid. Debe su nombre al torero Antonio Sánchez (aunque anteriormente pasó por dos manos fue el quien le imprimió el carácter por la que se le conoce). Un torero de gran personalidad, maestría en la plaza y especialmente hábil con los pinceles, que hereda de su padre esta taberna y la convierte en un punto de encuentro de tertulias taurinas y literarias. Han pasado por ella pintores como Zuloaga y Sorolla, escritores como Pío Baroja y Gloria Fuertes y tantos otros.

 

Antiguamente muchas de las tabernas nacían para que los bodegueros tuvieran un punto de venta de sus vinos fuera de la región en la que producían. Más bodegas que bares, se trataba de angostos locales normalmente distribuidos en dos plantas. La primera dónde se despacha el vino y la segunda dónde se encontraba el género en grandes tinajas. La bodega fue evolucionando hacia taberna, a la que la gente del pueblo empezó a acceder para beber, posiblemente intentando calentar los cuerpos y relajar la mente evandiendose de sus miserias cotidianas con un vaso de vino y animadas charlas sociales.

 

Al entrar en esta taberna cruzamos una puerta en el tiempo y aparecemos en el mismo espació del día en el que abrió sus puertas. Poco ha cambiado. Todo allí es añejo, pero nada rancio. Mantiene la esencia de sus inicios porque nada se ha tocado: el suelo original, las paredes bajo las que se esconden azulejos de gran valor cubiertos por una pátina que el paso del tiempo ha instalado a modo de capas de historia, la instalación de gas, los asientos (sacados de vagones de tren a los que se les dio una nueva oportunidad). Incluso la colección de botellas que forman como un pequeño ejército de cristal.

 

Cruzamos la puerta y aparecemos en el Madrid de 1.830 que contaba apenas con 200.000 habitantes y 8.000 casas; nada que ver con la urbe en la que se ha convertido.  Aunque la taberna de Antonio Sánchez nace como tal en 1.830, llevaba ya años funcionando como dispensador de vinos de productores de distintas regiones. Entre ellos, los del abuelo de quien me descubre este local: un bodeguero de Valdepeñas que vendía sus vinos en esta taberna.

 

Las dos plantas de la taberna han sido protagonistas de historias y de la Historia. En la planta de arriba se reunían literatos y gente del mundo de la cultura y la planta de abajo guarda un secreto: la tinaja dónde se cuenta que se guardó el cuerpo de un soldado francés asesinado por los madrileños en el levantamiento del 2 de mayo. Tuvimos la suerte de poder visitar la bodega y ver la famosa “tinaja de vino del francés”.  Ahí abajo, el tiempo se ha parado y se respira diferente, quizás por el peso de la historia que soportan sus muros.

 

TABERNA ANTONIO SANCHEZ MADRID

 

Cuentan con orgullo que tienen las mejores torrijas de Madrid. Tanto es así que el mismísimo Alfonso XIII las pedía para desayunar.

 

Y, antaño, los recién estrenados como padres, iban a celebrar el nacimiento de los nuevos madrileños desde una maternidad que existió a pocas calles de allí.

 

Es curioso como casi dos siglos después se reúnen los herederos de los protagonistas de los primeros años de esta taberna. Como si ese paseo por Madrid estuviera predeterminado a terminar allí o como si una fuerza nos hubiera dirigido hasta la puerta, a la Taberna de los 3 siglos.

 

Si sentís curiosidad por el Madrid de esa época, Antonio Diaz Cañabate, describe la vida en la capital en  Historia de una taberna, obra inspirada en este histórico local.

 

Sea este post un homenaje al abuelo de Valdepeñas.

 

Y, por supuesto, quiero agradecer a Óscar, actual dueño, el tiempo que nos dedicó contándonos anécdotas y abriéndonos la bodega en una improvisada visita a un sitio que permanece habitualmente cerrado.

 

Es una taberna en la que se puede cenar, tomar un vino, disfrutar de un espectáculo flamenco y, sobre todo, disfrutar de un viaje en el tiempo.

TABERNA DE ANTONIO SÁNCHEZ
Calle del Mesón de Paredes, 13
915 397 826
Metro Tirso de Molina / La Latina

Un comentario en “VIAJAR EN EL TIEMPO ES POSIBLE EN MADRID: LA TABERNA DE ANTONIO SÁNCHEZ”

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