El personaje de Vivian Maier me crea tanta curiosidad que no podía dejar de visitar la exposición de la Fundación Canal. Era un “por fin llegó a Madrid”. Y lejos de decepcionarme lo más mínimo (sí que te quedas con ganas de mucho más) me ha encantado poder sumergirme en el mundo de esta enigmática niñera de Chicago.

Vivian Maier era una mujer hermética o eso cuentan los pocos que tuvieron acceso a ella. Nadie sabía a qué dedicaba su tiempo libre. Recorría las calles de Nueva York y Chicago congelando momentos en el tiempo. Disparaba su cámara de manera casi compulsiva (hasta 120.000 disparos llegó a realizar). Vayamos por un momento a 1953. Una Rolleiflex y carretes de fotografías que revelar. El disparo tenía que ser certero.

Cámara Rolleiflex
Cámara Rolleiflex

Algo en sus autorretratos, quizás sea su forma de vestir sobria e incluso masculina, nos puede hacer deducir que era una persona que quería pasar desapercibida. Refugiada bajo las alas de su sempiterno sombrero y con la mirada hacia abajo por el tipo de cámara, disparaba.

Autorretrato Vivian Maier
Autorretrato Vivian Maier

Vivian Maier tenía el don de captar el momento oportuno para que la imagen consiguiera contar una historia en la que quien la observa puede crear un argumento anterior y posterior a esa imagen, una secuencia completa.

¿Qué pensarían esas personas, en una América aun en blanco y negro a las que Vivian, una mujer, apuntaba con su cámara y disparaba?

Murió pobre y sola en una residencia para indigentes de Chicago en el año 2009, sin poder imaginar por un momento el legado que dejaba a la historia de la fotografía: 120.000 negativos que retratan la vida americana durante décadas y que salen a la luz tras una subasta en las que John Maloof, agente inmobiliario, se interesa por ellas para escribir un libro sobre Highland Park, una de las zonas en las que se movía Vivian.

Vivian murió sin saber que hoy se esperan colas para ver sus trabajos y que se pagan miles de dólares por una fotografía suya. E incluso murió sin llegar a conocer su propio legado ya que su situación económica no le permitía revelar sus propias imágenes.

 “He fotografiado los momentos de vuestra eternidad para que no se perdieran”, escribe Maier a los niños de una de las familias que cuidaba.

Sin duda una exposición muy recomendable para vivir historias callejeras de la mano de Vivian Maier. Una oportunidad para ver como trabajaban los fotógrafos callejeros sin móvil, sin posibilidad de borrar la imagen, sin tecnología, sin filtros… Solo ellos, sus ojos y su cámara.

  • Dónde: Fundación Canal (entrada por la Calle Mateo Inurria, 2)
  • Cuánto. Entrada gratuita. Laborables y festivos: 11 – 20 h. / Miércoles: 11 – 15 h.
  • Cuando. Hasta el 16 de agosto
  • Web de la exposición pinchando aquí.
  • Web oficial de Vivian Maier pinchando aquí.

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